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La Comunicación para el Desarrollo y su aplicación en el Ecuador

Pese a que las propuestas de las potencias mundiales empezaron a aplicarse en muchos países, estaban distanciadas de la realidad del Ecuador y no evidenciaron resultados de cambio. Según la Ecuarunari, se aplicaron “medidas económicas antipopulares según dictámenes del FMI, se devalúo la moneda, la deuda privada se sucretizó a favor de la burguesía bancaria e industrial y, se promulgó el Código Agrario basado en la ley de Desarrollo y Fomento Agropecuario que garantizaba la inversión de la empresa privada agro industrial, en desmedro de los campesinos e indígenas” [Ecuarunari, citado por Elianor Franco Romero, La experiencia de la sociedad civil ecuatoriana y la aplicación de objetivos de la Comunicación para el Desarrollo en medios de comunicación, Quito, 2011, p. 1].

Desde el retorno a la democracia se aplicaron modelos de desarrollo orientados al crecimiento económico y la modernización de la sociedad; “se consolidó una economía financiera especulativa que promovía las exportaciones de productos primarios, una actividad extractiva que deterioraba los ecosistemas y la obtención de utilidades en base a una sobre-explotación de la fuerza de trabajo” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 10]. Sin embargo, según Alberto Acosta, analista económico y ex Presidente de la Asamblea Constituyente 2008, “el crecimiento basado en inagotables recursos naturales y en un mercado capaz de absorber todo lo producido no han conducido al desarrollo” [Elianor Franco Romero, La experiencia de la sociedad civil ecuatoriana y la aplicación de objetivos de la Comunicación para el Desarrollo en medios de comunicación, Quito, 2011, p. 9]; por el contrario, sólo fueron resultados de políticas públicas erróneamente aplicadas, que desvincularon al mercado, al Estado y la sociedad.

Es recién en 2007, cuando en la Constitución de Montecristi se trata el tema de desarrollo nacional en el Art. 3 del Buen Vivir o Sumak kawsay: Planificar el desarrollo nacional, erradicar la pobreza, promover el desarrollo sustentable y la redistribución equitativa de los recursos y la riqueza; por lo mismo, la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades) en su Plan Nacional de Desarrollo 2007-2010 define al “desarrollo como la consecución del buen vivir de todos y todas” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 10]; es decir el crecimiento del país será el proceso que conducirá a una mejor forma de vida.

De acuerdo con Rubén Bravo, el buen vivir “presupone que las libertades, oportunidades, capacidades y potencialidades reales de los individuos se amplíen de modo que permitan lograr simultáneamente aquello que la sociedad, los territorios, las diversas identidades colectivas y cada uno valora como objetivo de vida deseable” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 10]; por otro lado, el Sumak kawsay es una cosmovisión andina “de un proceso civilizatorio que nada tiene que ver con la modernidad y por lo tanto es una manera de vivir lejos de todo crecimiento económico” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 10].  Por lo tanto, ambos términos buscan un ejercicio pleno de las capacidades humanas que generen un desarrollo en cualquier área, con el fin de producir bienestar.

Actualmente, las instituciones del sector público ya incluyen a la comunicación en sus planes o proyectos, como parte del Plan del Buen Vivir; algunas del sector privado también la consideran al momento de tomar decisiones, aunque “algunos dirigentes institucionales se hacen auto crítica respecto al empleo limitado de los recursos comunicativos” [Elianor Franco Romero, La experiencia de la sociedad civil ecuatoriana y la aplicación de objetivos de la Comunicación para el Desarrollo en medios de comunicación, Quito, 2011, p. 5]. De todas maneras, ahora ya se tiene un mayor conocimiento y apreciación de la Comunicación, como un elemento democrático al momento de buscar un cambio social, porque permite “que los pueblos y comunidades se encaminen hacia  la equidad, la justicia, la libertad, el respeto al otro, la interculturalidad, la ética, [...] el incremento de las redes de relaciones para generar diálogos y debates en donde se construya nuevos sentidos liberadores” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 11].

Centros de comunicación en América Latina

Con el surgimiento de nuevas formas y enfoques de la Comunicación, no fue suficiente potenciar el trabajo individual de los medios y empresas. Para conseguir un crecimiento de las regiones de América Latina es necesaria la suma de esfuerzos; es por eso, que la experiencia de cooperación interinstitucional entre organizaciones de Comunicación y otras propulsoras del desarrollo ha sido muy amplia en el continente.

En muchos países, los medios comunitarios no se pueden mantener por sí mismos, no sólo en lo referente al aspecto económico sino también en cuanto a su independencia y fines de constitución. “El financiamiento ha sido un limitante para la existencia de medios comunitarios realmente autónomos. En ocasiones, cuando el Estado proporciona el apoyo, también condiciona los contenidos y ejerce una censura abierta o velada” [Alfonso Gumucio, citado por Raisa Urribarrí,  Medios comunitarios: el reto de formar(se) para la inclusión, Revista Comunicación, (Venezuela),  (2007): 50]; o en ciertos casos, los encargados de los medios pierden su horizonte y tergiversan el fin comunitario que debería mantenerse. Muchas radios comunitarias sin apoyo, han sido sometidas al poder, como el caso de Venezuela, o simplemente han desaparecido.

Sin embargo, otros medios comunitarios se unieron para fortalecerse e, incluso, buscaron apoyo de otras instituciones para no limitarse simplemente a informar, más bien a contribuir a la sociedad. En México, los indígenas querían radios comunitarias para compartir información de su cultura en su propio idioma. Si la iniciativa se quedaba sólo en una comunidad y no buscaba expansión, seguramente se hubiera extinguido; pero los indígenas, con apoyo de profesionales de varias ramas, sacaron adelante el proyecto. En 1979, el Instituto Nacional Indigenista (INI), organismo autónomo e independiente del gobierno federal mexicano, crea el Sistema de Radiodifusoras para llevar a cabo proyectos de comunicación, información, promoción y difusión de las culturas y tradiciones indígenas.  Esta idea permitió mantener y consolidar la comunicación comunitaria indígena con la participación de todos los miembros, y además fomentó el progreso de las diferentes etnias, en cuanto, a educación, salud  y trabajo. Actualmente, el sistema cubre alrededor de novecientos cincuenta y cuatro municipios, con emisiones en treinta y una lenguas indígenas y en castellano.

Otra forma de cooperación y de trabajo interdisciplinario es los Centros de Comunicación (CC) que buscan la unidad de personas, medios de comunicación, organizaciones e instituciones para consolidar el aprendizaje y la acción conjunta, que generen un proceso de desarrollo.  Tal es el caso de México, Centro América y el Caribe donde se ha potenciado la Comunicación Alternativa, con lo cual, se han formado redes de apoyo interregional. El Centro de Comunicación para el Desarrollo de América Central y el Caribe es “una organización no lucrativa integrada por un grupo de profesionales de diferentes disciplinas que buscan una manera diferente de hacer comunicación y que está enfocada a mejorar la calidad de vida de las personas, mediante la coordinación de esfuerzos a nivel regional”. En un inicio se lo planteó como CC, pero actualmente se ha cambiado su denominación a plataforma de CPD (Comunicación para el Desarrollo)  por no ser un espacio físico, pero que mantiene sus fundamentos.

La plataforma nació en el 2006 y está conformada por medios de comunicación, organizaciones de Comunicación para el Desarrollo y otras de bienestar social de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá; así como cuenta con el apoyo de organismos internacionales como la ONU, UNESCO, FAO Roma, etc. para aplicar procesos de comunicación que contribuyan al desarrollo social, en armonía con el ambiente.

El trabajo de la plataforma consiste en propiciar la reflexión sobre la realidad de los países miembros y mejorarla a partir del intercambio de materiales, conocimientos y experiencias de comunicación, que permitan, en forma conjunta, planificar y ejecutar proyectos de desarrollo.

Lecturas de interés:

Comunicación y desarrollo en América Latina. El Caso de la radio indigenista en México: Radio XEVFS 

Comunicación para el desarrollo: concepto y aplicaciones

Tras los primeros esfuerzos por conseguir el desarrollo, a fines de la década de los 80, los gobiernos de algunos países trabajaron en políticas estatales que favorezcan al desarrollo de los sectores sociales. A partir de esto, se creó una relación del sujeto con la acción social y gubernamental para resolver problemas en corto y largo plazo, pero principalmente, de una manera sostenible.

Los primeros proyectos de comunicación se centraron en mejorar las condiciones de sanidad y de producción agrícola de la población campesina y rural; en un inicio, no se consideraban las condiciones y requerimientos de los destinatarios, por desconocimiento del esquema de Comunicación Intermedia; sin embargo, muchas instituciones y organizaciones resaltaron la relación que debía procurar el emisor con la comunidad para garantizar el éxito de sus trabajos.

Por otro lado, se consideraba al desarrollo únicamente como crecimiento económico. En América Latina se realizan altas inversiones, pero existe desigualdad en la distribución de riquezas, lo cual genera inconformidad y exclusión social. Es por ello, que para hablar de desarrollo se suma la búsqueda de mejores condiciones de vida que implican: “Mejor educación, mejores condiciones de salud, de empleo, para el desarrollo personal y profesional, mayores oportunidades para invertir o realizar negocios, buena calidad ambiental, instituciones que conocen su razón de ser y son útiles al ciudadano, etc.” [David Solano, Estrategias de comunicación y educación para el desarrollo sostenible, UNESCO, 2007, p. 9]. No se pueden generar cambios estructurales con sólo un elemento que los impulse; un desarrollo sostenible es aquel que se compone de cuatro factores claves: “Lo económico (es necesario tener inversiones y un flujo de capitales adecuados), lo social (es necesario que las condiciones de vida sean adecuadas para la población y además que las personas se sientan parte de este progreso), lo ambiental (es necesario que los recursos naturales se usen sosteniblemente y se mantenga una adecuada calidad ambiental) y lo institucional (debe existir instituciones fuertes y que den sustento y continuidad al progreso logrado)” [Íbid].

De acuerdo a esto, se puede definir a la Comunicación para el Desarrollo como “el diseño sistemático y el uso de actividades de participación, enfoques de comunicación, métodos y medios para compartir información y conocimiento entre todos los miembros en un proceso de desarrollo, para asegurar el entendimiento mutuo y el consenso que lleva a la acción. Tiene como fin facilitar la participación de la población en todos los niveles del proceso de desarrollo, para identificar e implementar políticas apropiadas, programas y tecnologías para prevenir y reducir la pobreza con el fin de mejorar las estrategias de vida de la población, de una manera sostenible” [Chike Anyaegbunam y otros, Manual de diagnóstico participativo de comunicación rural, Roma, Ed. FAO,  2008, p. 9].

La Comunicación facilita los procesos de desarrollo, mediante el aprovechamiento de varios recursos: El uso de los medios audiovisuales como herramienta para realizar diagnósticos de necesidades en las comunidades, el uso del video para promover la reflexión sobre los mismos problemas locales y generar propuestas de trabajo, el uso de las radios para crear redes de comunicación entre los protagonistas de los proyectos de desarrollo.

También es necesario considerar estos elementos claves al momento de plantear procesos de comunicación para el desarrollo [David Solano, Estrategias de comunicación y educación para el desarrollo sostenible, UNESCO, 2007, p. 11]:

  • Trabajar en la sostenibilidad (operativa y financiera). Esto debe buscar su institucionalidad y ser parte importante de las instituciones que la promueven y aquellas que la acogen; es decir, deben estar comprometidas con estos procesos.
  • Mostrar con mayor claridad la relación entre los elementos del desarrollo “sostenible” (económico, social, ambiental e institucional) y como los desafíos no funcionan sin uno de ellos.
  • Tener objetivos claros de los procesos y cuál es la relación entre estos y el desarrollo.
  • Contar con metodologías y materiales de apoyo fáciles de masificar o de adaptar, para favorecer la replicabilidad.
  • Multiplicar actores, no centrándolos en los clásicos (Estado y ONG) los cuales llegan directamente al público objetivo final, sino incorporando actores intermedios como universidades, centros de investigación, entre otros. Esto significa pensar en los procesos para el público final y estos grupos intermedios.
  • Pero, sobre todo, mostrar que los procesos desarrollados han comprometido a las personas en la búsqueda del desarrollo. El nuevo verbo para el desarrollo no debe ser “sensibilizar” sino “comprometer” a las personas.

En general, un proceso eficaz de comunicación alcanza sus objetivos cuando involucra a las personas en lo que sucede y los ayuda a entender su realidad (saber), los hace sentir parte de la sociedad y a aportar en ella (saber ser) y los motiva a participar en los procesos de desarrollo (saber hacer); con lo cual, a largo plazo, se consolida un proceso de metacognición, en el cual, los beneficiarios están capacitados a resolver por sí mismos sus problemas gracias a su capacidad de aprender a aprender.

Schramm: Comunicación aporta al Desarrollo

El comunicólogo Wilbur Schramm, profesor de la Universidad de Stanford, en la década de los 60 estudió el fenómeno de la comunicación y su relación con el desarrollo; con lo cual, publicó en 1964 un relevante estudio, tomando en cuenta la realidad de los países en vías de desarrollo.

Su estudio analizó las características de la comunicación masiva para atender las necesidades de desarrollo social y determinó que la parte receptora debe “estar informada de los planes, acciones, logros y limitaciones del esfuerzo pro desarrollo; hacerse partícipe del proceso de toma de decisiones sobre asuntos de interés colectivo; y aprender las destrezas que el desarrollo les demanda dominar” [Luis Ramiro Beltrán, La Comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo, Buenos Aires, 2005, p. 19]. Además su estudio sirvió de base teórica para el uso de la comunicación social al servicio del desarrollo.

Para el análisis comunicativo, Schramm tomó como referencia la teoría de las etapas de crecimiento de Whitman Rostow, la cual explica el proceso de desarrollo económico de un país:

  1. Sociedad tradicional: La economía se caracteriza por una actividad de subsistencia y no existe comercialización, debido a que no se ha explotado los beneficios de la ciencia y tecnología en favor del crecimiento económico.
  2. Condiciones para el despegue: Es el periodo de transición, en el cual la sociedad tienen un acercamiento con la tecnología y se trabaja en las primeras destrezas para manejarla. Se hace un compromiso de cambio para generar desarrollo.
  3. Proceso de despegue: Es la etapa de crecimiento rápido de los sectores económicos. Los procesos de desarrollo tecnológico se extienden y la industrialización se generaliza, la economía explota recursos naturales e incorpora procedimientos de producción avanzados.
  4. Camino hacia la madurez: Es el periodo extendido de la aplicación tecnológica y se dan cambios a nivel económico y social como migración, industrialización, comercio exterior, etc.
  5. Sociedad de alto consumo masivo: La economía se centra en los servicios y bienes de consumo. Se consolida el Estado benefactor y se prioriza el trabajo en las áreas de bienestar y seguridad social.

Con esto, Schramm señaló seis funciones de la comunicación como aporte al desarrollo:

  • Contribuir al sentimiento de nacionalidad.
  • Informar acerca de la planificación nacional.
  • Ayudar a enseñar las destrezas necesarias para el manejo de tecnologías.
  • Ayudar a ampliar el mercado
  • Motivar el pensamiento y acción para el desarrollo.
  • Preparar a la gente a representar su papel como parte de una sociedad moderna.

Para poder cumplir con estas condiciones, fue necesario trabajar desde los medios de comunicación para llegar a la gran mayoría de la sociedad y darles un nuevo enfoque informativo. El cambio en la función de los medios masivos que Schramm planteó, fue apoyado por la UNESCO para su divulgación y pronta consolidación de esta nueva forma de hacer comunicación, principalmente en América Latina, donde empezaron a surgir varios medios comunitarios, que tenían fines educativos y de progreso, y donde varias instituciones se interesaron por ejecutar proyectos específicos para el desarrollo económico y social.

La Comunicación se convirtió en parte integradora y promotora del cambio. Ahora también evidenciaba la importancia de hacer partícipes a los beneficiarios en los procesos de desarrollo.

Rogers: Teoría de la Difusión de las Innovaciones

Desde mediados del siglo XX las propuestas de desarrollo y el crecimiento tecnológico avanzaban constantemente. En 1962, Everett Rogers, sociólogo y catedrático de la Universidad del Estado de Michigan, divulgó su Teoría de la Difusión de Innovaciones, para explicar los cambios, sobre todo de la Comunicación, que se estaban suscitando por el proceso de modernización de la sociedad.

Según Rogers, la difusión es el proceso de comunicación que tiene como objeto socializar nuevas ideas e invenciones entre los miembros de un determinado sistema social, en un tiempo establecido y a través de diversos canales de comunicación. Sin embargo, para el sociólogo no bastaba el conocer la innovación, sino adaptarla y familiarizarse con ella; para esto, plantea 5 atributos que se deben considerar en la adopción:

  • Ventajas relativas: la idea o producto debe demostrar que es beneficioso frente a la inexistencia de otros en su especie o frente a otros existentes; con lo cual el riesgo de adopción o cambio será menor.
  • Posibilidad de observación: los beneficios deben ser visibles o tangibles para el usuario.
  • Compatibilidad: la innovación debe estar acorde al contexto y realidad de la sociedad donde se la quiera implantar.
  • Complejidad: se debe considerar el grado de dificultad para el aprendizaje, manejo, mantenimiento de la innovación.
  • Posibilidad de ensayo: la innovación debe tener la capacidad de ser sometidos a prueba antes de ser aprobada o usada.

La presencia de todos o de la mayoría de estos elementos dará mayor oportunidad de que sea adopten las innovaciones.

A diferencia de Lerner, Rogers no considera como únicos canales de difusión de las innovaciones a los medios masivos; él destaca la importancia de la comunicación interpersonal y el papel de las redes sociales. Sin embargo, esta comunicación, según el sociólogo, necesita de un liderazgo dentro del grupo para manejar los procesos comunicativos. Rogers afirma que para que la difusión sea efectiva se se necesita conjugar grupos homófilos con heterófilos; es decir, los primeros tienen características comunes por lo cual habrá identificación y la comunicación será más fluida, pero los segundos, al ser distintos, pueden aclarar dudas o aportar nuevas ideas.

Los planteamientos de esta teoría fueron considerados en procesos de desarrollo; puesto que, los interesados en promoverlo se dieron cuenta que la socialización de conocimientos y experiencias influían en las personas para aceptar o rechazar las propuestas. Para esto, segun los estudios de Rogers, la conducta humana tenía que pasar por 5 etapas:

  • Percepción: es el primer acercamiento de la persona con la innovación, tiene conocimiento y entendimiento de ella.
  • Interés: se desarrolla una actitud crítica frente a la innovación, se determinan aspectos positivos y negativos.
  • Evaluación: después de analizar los pros y contras se acuerda aceptar la innovación o, caso contrario, se la rechaza y se termina el proceso.
  • Implementación: es el periodo en el cual se prueba la invención antes de adoptarla totalmente.
  • Adopción: es la etapa de confirmación y aceptación definitiva. Esta etapa es la más importante; puesto que, el éxito radica en el compromiso de los adoptantes por utilizar y mantener el proceso de innovación.

De acuerdo con Rogers, este proceso es largo, en el principio hay pocos adoptantes, de los cuales algunos desisten; pero en la mitad del proceso la mayoría adopta la innovación.

La comunicación para el desarrollo, desde esta teoría, es un método para, en primer lugar, influir en la sociedad y, en segundo, generar conciencia de loa adelantos tecnológicos y con ellos mejorar su forma de vida.

Lecturas recomendadas:

Análisis de la Teoría de la Difusión de las Innovaciones

Antecedentes de la Comunicación para el desarrollo

Tras la devastación que produjo la Segunda Guerra Mundial, fueron muchos los gobiernos que hablaron de reconstrucción, cambios, progreso, en sí, de una evolución. Sin embargo, Estados Unidos y algunos países europeos como la Unión Soviética no se vieron tan afectados; por el contrario, alcanzaron mayor poder político, económico y militar.

La situación empeoró cuando comenzó la época de la Guerra Fría; “para ello era necesario la intervención estatal para lograr levantar la economía e incentivar el avance tecnológico” (Beltrán: 2005). La inestabilidad social y política perjudicó directamente a los países subdesarrollados, por lo cual, los Estados Unidos, “protectores del statu quo global, que la identificaban (la crisis) con el comunismo soviético o, por lo menos, la consideraban como un recurso permanente y potencial para su contendiente en la lucha global por la supremacía” (Hobsbawm: 2001), trató de frenar este riesgo. La potencia mundial ofreció ayuda económica, difundió propagandas políticas y, en el peor de los casos, utilizó la subversión militar oficial o extraoficial y declaró la guerra abierta a algunos países.

Sin embargo, el único método que contribuiría al proceso de reconstrucción y rehabilitación era el apoyo financiero, que en primer término benefició al progreso de Alemania, Italia y Japón.  A finales de la década de los 40, los países subdesarrollados aún se encontraban en situación de desventaja; por lo cual, en 1949, el presidente estadounidense Harry Truman “planteó la creación de un programa internacional de asistencia, técnica y financiera, para el desarrollo nacional que llegaría a conocerse como el del Punto Cuarto. Para su ejecución, se estableció el organismo que ahora se conoce como Agencia de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional (USAID)” (Beltrán: 2005).

Este programa consistía en “brindar asistencia para que los gobiernos inviertan en obras públicas: ampliación y mejoramiento de infraestructura de caminos, vivienda, electricidad, agua potable y alcantarillado. También se establecieron acuerdos de cooperación en temas de agricultura, salud y educación, que se consolidarían a partir de la década  de los 50” (Beltrán: 2005).

En la misma época, en América Latina se vivían diversos procesos revolucionarios (transiciones de dictaduras a gobiernos democráticos) que de igual manera buscaban un cambio. Sin embargo, Estados Unidos tomó la iniciativa para implementar su nuevo programa, que pretendía eliminar las barreras entre países ricos y pobres. “En ese paradigma la Comunicación trató de promover cambios a través de innovaciones. Según Everett M. Rogers, el modelo usa dos pasos: de los medios a los líderes de opinión y de los líderes a la comunidad e individuos” (Franco Romero:  2011); es decir, los medios debían ser los encargados de trasmitir los nuevos valores de la modernidad y educar sobre el uso de la nueva tecnología.

Sin embargo, el Punto Cuarto no consideró particularidades que debían aplicarse de acuerdo a la situación de cada país; es por ello que, a finales de los 60, un movimiento regional de economistas y científicos sociales criticaron el modelo, con lo cual propusieron la Teoría de la Dependencia que revelaba el ambiente de injusticia y desigualdad en donde se desenvolvían las relaciones internacionales; “venderle (a Estados Unidos) barato materias primas y comprarle caro productos manufacturados producía un déficit crónico y creciente para los latinoamericanos” (Beltrán: 2005) y sostenían que logrando la independencia se conseguiría un desarrollo efectivo y democrático. Por otro lado, los partidarios del programa tampoco previnieron la ineficacia que tendría el usar medios de comunicación masiva para difundir los planes de desarrollo; puesto que ignoraban “la dinámica local, es decir, a los participantes de un determinado contexto social, cultural y político” (Franco Romero: 2011) y como conclusión los investigadores plantearon que la comunicación personal tenía mayor efecto en el comportamiento social.

Tiempo después de la aplicación, los problemas de subdesarrollo se mantuvieron y, en algunos casos se incrementaron. La crisis petrolera internacional de 1970 afectó la economía latinoamericana, “la región vio ya a mediados de la década bajar rápidamente sus tasas de crecimiento y le resultaría inevitable hacer recortes en los gastos públicos, afectando como siempre a los más desamparados” (Beltrán: 2005). En la siguiente década, la situación para América Latina no mejoró: “Existió aumento del desempleo, salarios más bajos y precios más altos y aguda inflación. El 40% de las familias cayó a niveles de pobreza crítica mientras las elites conservadoras se enriquecían más. Y el autoritarismo seguía sojuzgando al pueblo” (Beltrán: 2005).

Era evidente que no existía un modelo de desarrollo universal; por ello, personas e instituciones trabajaron por conseguir el cambio, mediante el impulso de modelos de desarrollo cimentados en bases comunitarias, autogestionarias y participativas, que pudiesen variar según el contexto donde se apliquen.

Para llevar a cabo todos estos procesos de desarrollo social fue necesaria la persuasión educativa, para provocar cambios de conducta pensados, tanto en quienes los gestarían como en quienes serían beneficiados. “En cada uno de esos servicios sociales se incluyó una unidad dedicada a la información de apuntalamiento a los fines del respectivo sector. Y esta medida llegaría a constituir una de las raíces mayores de la actividad que sólo varios años después iría a conocerse como comunicación para el desarrollo” (Beltrán: 2005)

Lecturas recomendadas:

La Comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo

Estructuralismo y Teoría de la Dependencia en el periodo neoliberal.

Dependencia y desarrollo en América Latina (Subdesarrollo, periferia y dependencia, desde p.12)

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