Archives

Archivos para

Los medios comunitarios y su aporte a la población rural ecuatoriana

Desde mediados del siglo XX, el panorama que envolvía a la población campesina e indígena ecuatoriana demostraba altos índices de pobreza, lo que traía como consecuencia el analfabetismo, la desnutrición, el desempleo y la migración a las zonas urbanas. Es por eso que este segmento de la población fue centro de estudios e investigaciones; “la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas (FENOC), la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI) y el movimiento Ecuarunari se constituyeron en espacios de reflexión, generadores de un nuevo pensamiento” [Martha Dubravcic, Comunicación popular: del paradigma de la dominación al de las mediaciones sociales y culturales, Quito, Ed. UASB/ Abya-yala/ Corporación Editora Nacional, 2007, pp. 61 y 62].

También, este sector fue el grupo objetivo de aplicación de varias políticas estatales, sobre todo, la población indígena que muchos años permaneció sin participación social. A inicios del siglo XX, tras las continuas luchas por un trato equitativo para los indios, “en los momentos de auge de gobiernos sensibles a la condición indígena, se establecieron medidas de protección (Ley de Comunas, formación de maestros indígenas, etc.)” [Jorge León Trujillo, Las organizaciones indígenas y el gobierno de Rafael Correa, Quito, 2010, p. 14]; de igual forma, la participación en ámbitos políticos fortaleció su identidad colectiva.

Por una parte, la población indígena recobró protagonismo y reivindicó su papel en la sociedad; para eso, fue necesario contar con espacios de comunicación para transmitir sus ideologías y en su propio idioma. Con el apoyo de la comunidad internacional, varios movimientos indígenas empezaron a participar en medios de comunicación y crearon los suyos. “Claro que esto se dio siempre que las políticas gubernamentales lo permitieron, porque hubo muchos casos en los que el proceso no pudo iniciarse hasta que esas políticas gubernamentales, y los comportamientos de ciertos sectores sociales, cesaron en su ímpetu de represión y opresión de los indígenas.” [José Cortés y Pamela Rodríguez, Comunicación y Desarrollo en Latinoamérica. El Caso de la Radio Indigenista en México: Radio XEVFS].

Pero por otra parte, el fenómeno de la concentración urbana produjo que el área rural disminuyera drásticamente su población y que, como es evidente, las ciudades fueran creciendo. Los medios de comunicación empezaron a enfocarse en grandes grupos humanos, con lo cual se crea el fenómeno de los medios de comunicación para las masas y las culturas urbanas que “son una mezcla dinámica, un espacio barrido por los vientos de los mass media”; [Beatriz Sarlo, citada por Martha Dubravcic, Comunicación popular: del paradigma de la dominación al de las mediaciones sociales y culturales, Quito, Ed. UASB/ Abya-yala/ Corporación Editora Nacional, 2007, p. 64]; por ejemplo, las manifestaciones culturales del Ecuador se entrelazan con expresiones extranjeras, “parecen presentarse a la vez huellas de múltiples manifestaciones de diversidad y rasgos de las más profundas tendencias a la homogeneización” [Martha Dubravcic, Comunicación popular: del paradigma de la dominación al de las mediaciones sociales y culturales, Quito, Ed. UASB/ Abya-yala/ Corporación Editora Nacional, 2007, p. 66].  Es por ello, que fueron muy pocos los grandes medios que centraron su trabajo en poblaciones pequeñas o grupos sociales específicos y las pequeñas manifestaciones de comunicación comunitaria se mostraron como una mejor alternativa.

¿En qué ámbito legal se han desenvuelto los medios comunitarios ecuatorianos?

Antes de 1995 no existía ningún marco jurídico que tratara acerca de los medios comunitarios en Ecuador, ni ningún movimiento social masivo que solicitara leyes o reglamentos que respalden su creación y funcionamiento.

El Decreto 3398 del Reglamento General a la Ley de Radiodifusión y Televisión, expedido en la presidencia del arquitecto Sixto Durán Ballén, mencionaba ya el término comunitario, pero como un servicio que podían prestar algunos medios de comunicación públicos; sin embargo, no planteaba lineamientos que favorecieran totalmente una labor comunitaria, ni garantías para su trascendencia.

“En 1996, CORAPE presentó ante el Tribunal de Garantías Constitucionales una demanda de inconstitucionalidad de fondo al artículo 6, con el argumento de que éste no reconocía la concesión de frecuencias para radios comunitarias de propiedad de diversos actores sociales, y que sólo permitía la concesión para estaciones de radiodifusión de “servicio comunal” otorgadas a Comunas legalmente constituidas (de acuerdo con la Ley de Organización y Régimen de Comunas) previo informe favorable del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, el mismo que debía verificar que el funcionamiento de la estación no alentara contra la seguridad nacional interna o externa del país” [CORAPE, De la concentración a la democratización del espectro radioeléctrico, Quito, Ed. Abya-yala, 2008, p. 9].

De igual manera, el Reglamento aplicaba los principios de manejo económico de los medios públicos para los comunitarios; es decir, que no debían perseguir fines de lucro y no tenían la posibilidad de negociar publicidad comercial de ninguna naturaleza, lo que imposibilitaba obtener recursos para la reinversión en los propios medios y los condenaba a su desaparición.

Finalmente, otra falencia que se encontró fue la limitación y desigualdad en la concesión de frecuencias para los medios comunitarios: “Se otorgarán únicamente para estaciones de onda media y frecuencia modulada en lugares donde no existan concesiones para estaciones nacionales, regionales o locales de onda media o concesiones de frecuencia modulada; y, en cualquier caso siempre que no interfieran con las frecuencias asignadas a otras estaciones” [CORAPE, De la concentración a la democratización del espectro radioeléctrico, Quito, Ed. Abya-yala, 2008, p. 10]. Pese a las observaciones hechas por CORAPE, la demanda fue declarada improcedente porque se evidenció las irregularidades del Reglamento y no las de la Ley.

En 2002, “CORAPE volvió a plantear la necesidad de reformar la Ley de Radiodifusión  y Televisión, apoyado por la fundación Friedrich Ebert Stiftung (Fes), la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), la Confederación de Pueblos de Nacionalidad Kichwa del Ecuador (Ecuarunari) y, finalmente, por la doctora Nina Pacari, Diputada del partido político Pachakutik” [CORAPE, De la concentración a la democratización del espectro radioeléctrico, Quito, Ed. Abya-yala, 2008, p. 10]. En esta ocasión se volvió a reiterar el problema que ocasionaba el no contar con publicidad para el financiamiento; por lo cual, los medios comunitarios se constituyeron bajo la denominación de comercial y esto, de acuerdo a CORAPE, además de afectar al trabajo y formas de sustento, atentaban contra los derechos humanos fundamentales: “A la libertad de pensar y de expresarse, de difundir sus ideas a través de cualquier medio de comunicación social y de ser llamadas por su nombre propio” [CORAPE, De la concentración a la democratización del espectro radioeléctrico, Quito, Ed. Abya-yala, 2008, p. 10].

Esta propuesta fue sometida a dos debates públicos en el pleno del Congreso Nacional, a cargo de la Comisión de lo Económico. El informe fue favorable y a finales de octubre de ese mismo año se produjo “la ratificación del texto y se derogaron los incisos tercero, cuarto y quinto (antes mencionados) del art. 35 de la Ley Reformatoria a la Ley de Radiodifusión y Televisión de 2002” [CORAPE, De la concentración a la democratización del espectro radioeléctrico, Quito, Ed. Abya-yala, 2008, p. 10]. Y en su lugar se agregaron tres incisos, en los cuales se definían los entes participantes y las funciones de los medios comunitarios, se especificaba que tenían los mismos derechos y obligaciones que los medios comerciales, y se aclaró que las utilidades percibidas deberían ser usadas en el medio y la comunidad a la que están dirigidos.

En la actualidad, la Constitución del Ecuador afirma en el art. 16, inciso 1 que “todas las personas, en forma individual y colectiva, tienen derecho a una comunicación libre, intercultural, incluyente, diversa y participativa, en todos los ámbitos de interacción social, por cualquier medio y forma, en su propia lengua y con sus propios símbolos” [Constitución del Ecuador, 2008]; en el inciso 2 se garantiza el acceso a las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (NTIC’s). De igual manera, en el art. 17 se establece que “el Estado fomentará la pluralidad y la diversidad en la comunicación”; el inciso 1 garantiza “la asignación, a través de métodos transparentes y en igualdad de oportunidades, de las frecuencias del espectro radioeléctrico, precautelando que en su utilización prevalezca el interés colectivo, por lo que no se permitirá el oligopolio o monopolio…”; así como, el inciso 2 respalda la creación y fortalecimiento de los medios comunitarios.

Primeros medios comunitarios en Ecuador

Los primeros medios comunitarios del Ecuador fueron las radios, que surgieron por influencia de la experiencia educomunicativa que planteó Radio Sutatenza en toda América Latina; las radios populares de Riobamba recogieron los nuevos principios y métodos para aplicarlos en su programación y enfocarlos en la alfabetización. De igual manera, la Iglesia Católica desempeñó un papel fundamental en la creación y apoyo de los medios comunitarios, puesto que encontraron, en este medio y en el nuevo modelo, una forma más fácil para acercarse al pueblo. Gracias al trabajo y apoyo de Monseñor Leonidas Proaño, se fundó en 1962 las Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador (ERPE), red que estaba conformada por algunas radios comunitarias enfocadas en la alfabetización, educación y evangelización de los pueblos indígenas.

“Estas experiencias de comunicación alternativa vinculadas con la Iglesia Católica y aquéllas de carácter progresista con el tiempo formaron la Coordinadora de Radio Popular Educativa del Ecuador (CORAPE)” [Entrevista realizada a José Ignacio López Vigil, Director Radialistas Apasionadas y Apasionados, Quito, 01 de diciembre de 2010].  CORAPE es un organismo independiente que se creó en 1989 y agrupa a medios alternativos, educativos y/o populares para su fortalecimiento en el trabajo por el desarrollo social en conjunto. “Es una red nacional que participa con liderazgo en redes latinoamericanas y mundiales […], con alta capacidad tecnológica, con acceso al satélite y otras plataformas tecnológicas, que provee capacidad comunicacional al conjunto de la red y todos sus afiliados” [Folleto Corape 20 años, Quiénes somos, Quito, 2010].

Los medios de comunicación pertenecientes a CORAPE llegaron a conocerse como los primeros alternativos; sin embargo, por no existir una ley específica para este tipo de medios se crearon como públicos o comerciales de servicio comunitario, pero no todos mantuvieron su objetivo por problemas económicos y tampoco su total independencia, por influencia de la Iglesia o de otro tipo de intereses. Por otro lado, las experiencias latinoamericanas de radios comunitarias de movimientos sociales, como “las mineras de Bolivia o las juveniles de Venezuela, no tuvieron acogida en Ecuador” [Entrevista realizada a José Ignacio López Vigil, Director Radialistas Apasionadas y Apasionados, Quito, 01 de diciembre de 2010]. Si bien la sociedad latinoamericana cobró protagonismo en el ámbito comunicativo popular, aquí su fuerza se evidenció primero en los grupos indígenas. CIESPAL aportó para el surgimiento y fortalecimiento de los primeros medios comunitarios en el país y, en conjunto con miembros de Radio Latacunga y con financiamiento de la Organización de Estados Americanos (OEA), planteó en 1983 “el proyecto de formación de comunicadores populares, que luego se llamó de Cabinas Radiofónicas de Cotopaxi” [Daniel Prieto, La experiencias del CIESPAL en los años 90, Revista Chasqui, (Quito),  (1999): 76].  Frente a problemas de desinformación y analfabetismo de la población, la propuesta tuvo como objetivos “canalizar y aumentar la participación, generar un proceso educativo, difundir información y compartir experiencias” [Lucelly Villa, Radio Latacunga: Red de reporteros populares, Quito, Ed. Paulinas, 1996, p. 56]; es decir, mediante la instalación de cabinas estratégicas para las grabaciones y producción radial, se logró una manera efectiva de involucrar directamente a campesinos e indígenas, para que sus ideas y pensamientos sean transmitidos por la radio comunitaria de su localidad. Esta labor fue el primer acercamiento comunicativo con este segmento poblacional, que además de propiciar una interrelación, permitió dar a conocer su realidad y, posteriormente, trabajar en proyectos para cambiarla.

Por influencia de este tipo de experiencias, los indios decidieron crear sus propios medios de comunicación comunitarios. Inti Pacha en Cangahua, cantón Cayambe, fue la primera radio indígena, que “propició el surgimiento de otras en Imbabura, Chimborazo y Bolívar que, poco a poco, consolidaron un concepto de radios indígenas comunitarias” [Entrevista realizada a José Ignacio López Vigil, Director Radialistas Apasionadas y Apasionados, Quito, 01 de diciembre de 2010]. Sin embargo; al igual que las radios pertenecientes a CORAPE, algunas tuvieron que constituirse también como comerciales por las limitaciones de la época.

Otras experiencias de medios comunitarios en América Latina

A finales de los 70 y durante la década de los 80, las iniciativas de comunicación alternativa crecían inevitablemente en el continente. Sin embargo, no fue suficiente el ideal, sino las manifestaciones concretas para conseguir los objetivos comunicativos. Los medios, principalmente las radios comunitarias, necesitaron de apoyo institucional para el desarrollo de sistemas y modelos de producción comunicativa; por ello, el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) junto con Radio Netherland ejecutaron programas de formación para la creación y manejo de las radios comunitarias en América Latina. “Hay técnicas, modelos y destrezas de la radio tradicional que se deben conocer y aplicar […] Es ahí donde nosotros (CIESPAL) desempeñamos un papel importante porque hemos desarrollado un sistema de capacitación para la producción” [Francisco Ordoñez, Ciespal y las radios comunitarias, Revista Chasqui, (Quito),  (1993): 22].    Así mismo, esta institución centró sus esfuerzos en “investigaciones comunicativas, en la producción de material didáctico para socializar el conocimiento y el trabajo de campo sobre esta nueva forma de hacer comunicación” [Entrevista realizada a César Herrera, Coordinador del Centro Audiovisual y Multimedia de CIESPAL, Quito, 12 de mayo de 2011].

En casos de países específicos, el crecimiento de medios alternativos en Brasil fue significativo por problemas que se suscitaron entre los medios de las clases dominantes o los partidos políticos en contra de los movimientos sociales; por ejemplo, tras situaciones de represión e inconformidad, el movimiento campesino de los “Sin Tierra” optó por crear sus propios medios. En la actualidad, “en las periferias urbanas de muchas ciudades proliferan también medios de los sectores populares, sobre todo radios comunitarias y periódicos barriales, pero también se han ido estableciendo, en el imaginario popular, espacios de encuentro como plazas o centros sociales” [Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 106].

Pero los logros de la Comunicación Comunitaria en América Latina no son visibles en todos los países.  En Venezuela se han gestado más medios comunitarios, de acuerdo a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel); “sin contar los periódicos e innumerables sitios de Internet,  […] en apenas cuatro años (mayo 2002 – abril 2006) se habilitaron 193 medios radioeléctricos: 126 emisoras y 27 canales de televisión” [Raisa Urribarrí,  Medios comunitarios: el reto de formar(se) para la inclusión, Revista Comunicación, (Venezuela),  (2007): 49].

Sin embargo, estos espacios que se crearon con un fundamento de búsqueda de visibilidad y respeto a las minorías, pasaron a uno de exclusión e intolerancia política.  La guerra mediática, que se inició con el “apagón informativo” en abril de 2002, provocó, por un lado, que el Gobierno ingeniara formas para acaparar los medios; y por otro, que los medios comunitarios cedieran a satisfacer los requerimientos políticos para mantenerse vigentes, pues dependen de la habilitación del Conatel para las frecuencias y, en ciertos caso de los recursos que les provee el Estado. Son escasos los medios que, con dificultad, logran defender su autonomía porque puede autofinanciarse.

De todas formas, en el continente los medios comunitarios se han concebido como una herramienta de desarrollo. Pese al financiamiento del gobierno y la inevitable competencia con los medios privados, “los conflictos económicos e ideológicos de cada país no han impedido que muchos se mantengan y defiendan su concepción  original” [Mariana García, Medios ciudadanos y comunitarios en América Latina, Colombia, 2006].  (artículos de esta autora y similares los puedes encontrar en Centro de Competencia en Comunicación para América Latina).

Las radios mineras de Bolivia, primeras radios de pueblo

En 1944, con el fin de mejorar la comunicación entre ellos y para transmitir sus ideas en su idioma original (quechua) a más del español, un grupo de mineros bolivianos invirtieron parte de su poco salario para constituir una radio propia. Los trabajadores no tenían experiencia radiofónica y sus transmisiones eran de corto alcance; sin embargo, con la estrategia de micrófono abierto, los mineros y los habitantes de los alrededores de las minas pudieron cumplir su propósito de libre expresión. Su labor no se quedó únicamente en sus lugares de trabajo ni en los sindicatos, avanzó a las escuelas, iglesias, incluso a los hogares; por lo cual, en poco tiempo se las denominó: radios de pueblo. “A finales de la década de los 50, se conformó una red de radios populares conformada por 33 emisoras” [Luis Ramiro Beltrán, La Comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo, Buenos Aires, 2005, p. 6], que era el gran medio de la “vox populi” indígena.

Poco a poco, la libre expresión de grupos subordinados se convirtió en un problema para el gobierno y las élites bolivianas quienes buscaron las formas de silenciarlos. Sin embargo, los movimientos defendieron sus derechos y fue gracias a sus propios medios de comunicación, que pudieron organizarse para sus actos de resistencia. “Las comunidades aymaras rurales y urbanas se apropiaron de las radios y las usaron como medio para intercambiar mensajes entre los comuneros que vivían en El Alto, ciudad del departamento de La Paz, y quienes permanecieron en las áreas rurales. Más que mensajes, trasmitían estados de ánimo, emociones, vivencias que de ese modo se reproducían en sitios muy alejados” [Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 105].

Este medio de comunicación permitió coordinar conductas y acciones que desencadenaron en una de las más grandes rebeliones en la historia aymara; de igual forma, durante el proceso de insurrección, por medio de la radio se convocó a los pobladores para que atendieran a los heridos y se unieran al frente de resistencia en contra de los militares. Las radios jugaron un papel destacado en la organización del movimiento social.

Pese a la represión que sufrieron los medios comunitarios, Bolivia ha mostrado un significativo surgimiento en cuanto a Comunicación Alternativa;  ahora no sólo se trabaja en radio, sino también en televisión. En los nuevos medios se involucran comunidades enteras, a través de reporteros populares y mediante la participación directa de los pobladores. “Los medios comunitarios han fortalecido la cultura, la visión del mundo y las formas de vida de la población boliviana” [Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 106].

Radio Sutatenza, la primera radioescuela latinoamericana

En 1947, en la población colombiana de Sutatenza, el párroco Joaquín Salcedo tuvo la idea de utilizar la radio para educar a los campesinos y contribuir al desarrollo rural. El proceso de comunicación consistía en utilizar las diferentes experiencias de los moradores en temas de agricultura, salud o educación, para socializarlos mediante productos radiales, que eran realizados por los propios pobladores, con el fin de aplicar lo aprendido en la correcta toma de decisiones comunitarias. Así se marcaron cuatro fases fundamentales: recepción, reflexión, decisión y acción colectiva, que, en un inicio, fueron asesoradas por profesionales.

Con el paso del tiempo surgió la agrupación católica Acción Cultural Popular (ACPO) “que, al cabo de poco más de una década, abarcó a todo el país e, inclusive, cobró resonancia internacional. El proyecto recibió el apoyo del gobierno colombiano y de algunos organismos internacionales, con lo cual se pudo crear una red nacional de emisoras, el primer periódico campesino del país, institutos de campo para la formación de líderes y un centro de materiales de enseñanza” [Luis Ramiro Beltrán, La Comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo, Buenos Aires, 2005, p. 6].

A %d blogueros les gusta esto: