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Comunicación Comunitaria, Comunicación Participativa

Una nueva forma de comunicación aparece en América Latina

No se puede asegurar el momento exacto en que, “el receptor empezó a tener la misma importancia que el emisor, dentro del proceso de comunicación” aniel Prieto,  Discurso autoritario y comunicación alternativa, México, Ed. Edicol, 1980, p. 59], gracias a lo que ahora se denomina Comunicación Comunitaria, Popular o Alternativa. Lo que es cierto, es que  “tiene su origen en los requerimientos de organización de los grupos, de un colectivo o sector para detectar sus problemas o debilidades y reconocer y reforzar sus fortalezas, en beneficio de construir colectivamente las respuestas que les permitan dignificar sus vidas” [Hindu Anderi, Comunicación alternativa o comunitaria, 2004].

A finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, por la influencia europea del Anarquismo, principalmente de la migración italiana y española, aparecieron los primeros movimientos sociales en América Latina. Los emigrantes se instalaron en grandes extensiones de las zonas urbanas de varios países y se dedicaron a trabajos artesanales y pequeñas actividades económicas, formando así los primeros movimientos obreros. Después de la Primera Guerra Mundial, “la expansión de las manufacturas en el continente crea condiciones para el surgimiento de un proletariado industrial, que tuvo su mayor desarrollo en los procesos de industrialización de los años 30” [Mónika Brukmann, Los movimientos sociales en América Latina: un balance histórico].

Durante muchos años, las luchas sociales y sindicales consiguieron avances importantes en la reivindicación de derechos humanos: reducción de horas de trabajo, mejores condiciones laborales así como de remuneraciones, pese a la oposición de varios sectores. Estas iniciativas fueron el punto de partida para la asociación de grupos como: los campesinos, la clase media, estudiantes, mujeres, entre otros. En la actualidad, a los movimientos sociales se los conoce como agrupaciones con afinidades políticas o ideológicas; sin embargo, se concibieron como “una forma de acción colectiva frente a conflictos comunes, que buscaban una forma diferente de ver, estar y actuar en el mundo” [Elena Grau y Pedro Ibarra, Anuario de Movimientos Sociales. Una mirada sobre la red, Barcelona, Ed. Icaria y Getiko Fundazioa, 2000]. Estudios realizados en Bolivia señalan que los movimientos se caracterizan por “una estructura de movilización o sistema de toma de decisiones, una identidad colectiva o registros culturales, y repertorios de movilización o métodos de lucha” [García Linera, citado por Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, Ecuador, FLACSO, 2008, p. 96].

Dentro de la comunicación, los movimientos sociales cumplieron un papel decisivo para forjar un cambio; por ejemplo, miembros de grupos obreros formaban sus criterios acerca de los temas que les interesaban, a partir de técnicas peculiares de comunicación. El trabajador analfabeto acudía a una taberna en la que se leyese en voz alta y se discutiese editoriales, o bien, podía caminar millas para escuchar a un orador radical; y en los momentos de grave agitación política los obreros hacían que sus compañeros de trabajo les leyesen en voz alta los periódicos. Asistían, además, a escuelas dominicales o nocturnas donde intercambiaban conocimientos, a clubes en los que se compraban y leían periódicos, a sesiones de teatro popular y, por supuesto, a tabernas en las que debatían a viva voz [Thompson, citado por Raúl Zibechi, “Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política,Ecuador, FLACSO, 2008, p. 93].

Para mediados del siglo XX, en América Latina se suscitaron cambios económicos: “Procesos de globalización y discursos de tendencia de economía hegemónica”  [Rosa María Alfaro, Culturas populares y comunicación participativa: en la ruta de las redefiniciones, p. 1] y sociales: algunos grupos de personas unieron esfuerzos para restituir y rescatar los ideales de los movimientos societarios, con lo cual, se buscó la integración y el rescate del factor humano; es por ello, que “los actores sociales dejaron de percibirse como sujetos contradictorios, opuestos”  [Rosa María Alfaro, Culturas populares y comunicación participativa: en la ruta de las redefiniciones, p. 1] o secundarios, tal como se los concebía en el sistema de comunicación vigente en la época.

El modelo tradicional de la información (emisor- mensaje- receptor) nace de una estructura militar en la década de los cincuenta, como una reapropiación por parte de los científicos sociales del modelo elaborado por los aliados para derrotar al eje fascista una década antes” [José Cortés y Pamela Rodríguez, Comunicación y Desarrollo en Latinoamérica. El Caso de la Radio Indigenista en México: Radio XEVFS]. Con el paso del tiempo, el prototipo fue adoptado por los medios de comunicación masiva.

Tanto como para las élites, como para los medios que manipulaban la información, el surgimiento de espacios donde se daba una comunicación horizontal, que permitía la transmisión de la cultura del grupo subordinado, significaba un peligro que atentaba contra el régimen de dominación. De acuerdo a  Jame Scott: “Muchos de los circuitos de la cultura popular fueron destruidos deliberadamente a fines del siglo XIX con siniestras consecuencias en el proyecto de disciplinar y domesticar culturalmente al proletariado” [Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos, México, Ed. Sera, 2000, p. 156].

La idea de dominio aplicada en la información generó la existencia de solamente un sujeto en el proceso de comunicación: el emisor; pues, quien recibía el mensaje pasaba a ser un objeto, porque no tenía participación. Este problema fue denominado como “metáfora del tubo” por Maturana y Varela, quienes consideran que el mensaje se “genera en un punto, se lleva por un conducto (o tubo) y se entrega al otro extremo al receptor” [Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 97]. Estos investigadores cuestionaron el simple hecho de transmitir información al que se limitaban los medios tradicionales. “El fenómeno de comunicación no depende de lo que se entrega, sino de lo que pasa con el que recibe” [Maturana y Varela, citado por Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 97]; es decir, el mensaje puede ser el mismo, pero no será percibido de igual forma por cada persona y, lamentablemente, en un modelo vertical, los receptores se tenían que conformar con el argumento del emisor.

En 1960, Wilbur Schramm y David Berlo, estudiosos del modelo tradicional, lo transformaron (Fuente-Mensaje-Canal-Receptor-Efecto); para romper el esquema, considerado por  varios comunicólogos, como autoritario, aumentaron el recurso del “efecto”, que serían como la reacción y respuesta del receptor. Este fue el primer cambio que se propició en búsqueda de un modelo diferente de comunicación, que se visualice de acuerdo a la realidad económica, social, política y cultural.

A más de nuevos planteamientos, para que las luchas de los movimientos sociales tuvieran éxito, era necesario, como lo explica Jame Scott, contar con  “una coordinación y comunicación tácita o explícita dentro del grupo subordinado” [Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos, México, Ed. Sera, 2000, p. 147], que no se podía llevar a cabo dentro del sistema de comunicación dominante, para ello, se debían crear medios alternativos o “espacios sociales que el control y la vigilancia de sus superiores no puedan penetrar” [Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos, México, Ed. Sera, 2000, p. 147].

Los receptores, tal como los denomina el modelo tradicional, durante mucho tiempo fueron sujetos pasivos de la información; sin embargo, durante las décadas de los 70 y 80, “aquellas personas que vivían en sectores marginados y que eran invisibilizados por el Estado y las sociedades, se convirtieron en protagonistas: sus voces eran escuchadas” [Mariana García,  Medios ciudadanos y comunitarios en América Latina, Colombia, 2006], gracias al auge de la Comunicación Comunitaria, “comprometida con los movimientos sociales y la crítica frente a la sociedad imperante” [Rosa María Alfaro, Culturas populares y comunicación participativa: en la ruta de las redefiniciones p. 1]. De acuerdo a Martha Dubravcic, esto se debió a dos aspectos fundamentales: “A los cambios en el paradigma conceptual de la comunicación y sobre lo popular. Y a las transformaciones y/o surgimiento de actores sociales, afectados por concentraciones urbanas, globalización de la cultura, nuevas tecnologías, entre otros” [Comunicación popular: del paradigma de la dominación al de las mediaciones sociales y culturales, Quito, Ed. UASB/ Abya-yala/ Corporación Editora Nacional, 2007, p. 11]. Esta nueva forma de comunicación es una respuesta ante el esquema lineal y unilateral; parte de una propuesta de espacios abiertos y democráticos, donde no exista intervención únicamente de las minorías, sino de “una pluralidad de sujetos siempre activos o, mejor, interactivos” [Maturana y Varela, citado por Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 97].

Según Daniel Prieto, la comunicación intermedia (como la denomina) utiliza un modelo horizontal, que coloca a emisor y perceptor en un mismo nivel, tanto para producir y recibir el mensaje. “Mientras que el modelo de la información colectiva es lineal y dirigido, el modelo de la comunicación intermedia es horizontal y participativo […], en éste todos deciden y se enriquecen mutuamente […] la decisión es de todos” [Discurso autoritario y comunicación alternativa, México, Ed. Edicol, 1980, p. 60]. También, el autor destaca “la existencia de un retorno (feedback) que permita la participación consciente y crítica de los integrantes del grupo” [Discurso autoritario y comunicación alternativa, México, Ed. Edicol, 1980, p. 59] ; sin embargo, aclara que “no es solamente la posibilidad del retorno lo que funda la comunicabilidad, es también la calidad […], la manera en que el perceptor al volverse emisor se hace presente en quien le envió el mensaje […], la forma en que se comparte una experiencia […] y la participación activa en un compromiso común” [Discurso autoritario y comunicación alternativa, México, Ed. Edicol, 1980, p. 35].

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Acerca de Didis

Licenciada en Comunicación, mención en Periodismo, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Sus intereses profesionales se enfocan en el periodismo multimedia, comunicación para el desarrollo, community management. Entre sus aficiones están la producción audiovisual, el cine, la poesía y la artesanía. Actualmente se desempeña como periodista freelance en Tevesur Cusco. Fue conductora del noticiero especializado Economía y Negocios, reportera y asistente de producción en Multimedios 106 de Quito, Ecuador. Trabajó como Servidor Público de Apoyo en el departamento de Digitalización y Archivo de la Superintendencia de Compañías en 2011. Realizó pasantías de reportera del noticiero 24 Horas, de Teleamazonas en 2010 – 2011. Se desempeñó como Asistente de Producción en Estación Web desde 2009 a 2010. Realizó pasantías en el departamento de Comunicación de la Vicepresidencia de la República en 2009. Coproductora y locutora del programa radial Alternativa Juvenil de Ex Radio la Luna desde 2007 a 2008.

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