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Artículos de opinión

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¿Palabras aprobadas o por convención social?

En las últimas semanas, caí en cuenta, gracias a unos amigos, que he estado utilizando mal ciertos términos, que por uso cotidiano y masivo fueron aceptados dentro de mi léxico. Algunas de estas expresiones se han derivado de palabras aceptadas por la Real Academia de la Lengua, por lo cual, no han connotado a simple vista el error de su uso.

Entre estas palabras usadas arbitrariamente se encuentran “aperturar”, “monitorear”, “direccionar”, entre otras. Sin embargo, algunas de estas, especialmente monitorear y sus variaciones se han extendido sin cuestionamiento y por convención social se usan habitualmente. La Fundación del Español Urgente aclara el uso de la palabra monitorear y da a entender que, tras su uso masivo especialmente en América Latina, su aplicación sería correcta:

“A partir del sustantivo monitor (del ingl. monitor ‘dispositivo o pantalla de control’), se han creado en español los verbos monitorizar y monitorear, con el sentido de ‘vigilar o seguir [algo] mediante un monitor’: «Durante estos experimentos […] se monitorizaron los cambios fisiológicos de los animales» (Mundo [Esp.] 10.4.97); «Desde la pantalla se puede monitorear la ubicación de las unidades de emergencia» (Clarín [Arg.] 11.9.97). En España se emplea solo monitorizar, mientras que en América se usa casi exclusivamente monitorear, que ha adquirido incluso el sentido general de ‘supervisar o controlar’: «La misión de la ONU […] terminará con la salida de los oficiales que actúan monitoreando los acuerdos alcanzados entre las facciones» (Observador [Ur.] 10.2.97). Derivados de los respectivos verbos son los sustantivos monitoreo y monitorización, con la misma distribución geográfica antes señalada.”

Frente a esto, cabe recalcar que el uso de una palabra debe regirse por normas de lenguaje. Hay ciertos términos que han sido adaptados  de  otros idiomas o jergas porque no tienen una traducción exacta de los mismo y han sido aprobados para su uso. Sin embargo, hay palabras que surgen de modificaciones morfológicas injustificadas, que pueden sonar novedosas pero no significan nada. En este caso, es mejor usar las palabras convencionales o revisar el diccionario y aclarar nuestras dudas.

Educación, la base de un buen periodismo

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La educación y el aprendizaje son dos herramientas que el ser humano tiene para sobresalir; sin ellas, el valor de las personas se queda en lo material y efímero. Muchos piensan que la educación se limita a las enseñanzas que nos dieron en la infancia o a las materias impartidas en las aulas; no obstante, el proceso de aprendizaje es continuo y depende de cada uno de nosotros, de nuestros intereses y objetivos.

Los periodistas, al ser referentes del manejo del lenguaje y generadores de la opinión pública, deberían ser los primeros en fomentar el auto aprendizaje en la sociedad, como una forma de generar conciencia y debate. La mejor forma de educarse es a través de la lectura. Un periodista que no lee, que no se informa, que no investiga, está condenado, lamentablemente, a la pérdida de credibilidad y, por ende, a una crítica negativa de su oficio. Cada uno de nosotros, como lectores, no podemos negar la existencia de cientos de artículos con faltas de ortografía, mala redacción e, incluso, con argumentos erróneos, con un trasfondo tendencioso. Peor aún, no podemos rebatir los discursos hablados que utilizan términos inapropiados, redundancias y llegan a niveles de falta de respeto hacia los perceptores.

En un mundo de la comunicación con periodistas incultos, maleducados y mediocres, no se puede concebir libertad de expresión. La sociedad actual ya no depende exclusivamente de los medios de comunicación para informarse; pero lamentablemente, éstos siguen siendo un modelo a seguir que, queramos o no, influyen en nuestra conducta social. Como periodistas tenemos el derecho de comunicar de forma óptima y eficiente; con un contenido que más allá de informar, sea un aporte para involucrar a la sociedad en los hechos.  En cambio, como ciudadanos debemos exigir información de calidad, que aporte a nuestro acervo intelectual y cultural. Nuestros países ya no necesitan de morbo ni amarillismo ni subestimación, necesitan más proposición.

¿Qué esperamos de los medios de comunicación?

Conocer la verdad o un hecho de forma objetiva ha sido una de las grandes exigencias de los receptores de información; sin embargo, en este requerimiento han surgido las dos grandes interrogantes del ejercicio periodístico: ¿Cuál es la verdad? y ¿Cómo ser totalmente objetivo?

Los medios de comunicación se han convertido en una red de negocios que buscan generar réditos y satisfacer intereses de los grupos que están detrás de su manejo. Pero más allá de la concepción de esta realidad, es indiscutible que gran número de receptores mantiene una fidelidad a los medios catalogados como tradicionales, pese a que su credibilidad, calidad de información y desarrollo tecnológico se hayan quedado relegados con el paso del tiempo.

Hace unos meses diario “El Comercio” de Ecuador publicó un editorial que causó polémica en las redes sociales por su contenido homofóbico, intolerante y ofensivo, que produjo que después de pocas horas fuera retirado del sitio web y se emitió un comunicado de aclaración por parte del medio; sin embargo, en los días siguientes volvió a aparecer como si las quejas e indignación de los lectores hubieran sido de poco valor.

El escritor y académico Carlos Taibo afirma: “Los medios son lo que son, no nos engañemos, por mucho que los haya más inteligentes y menos, más plurales y menos. Dependen, por lo demás, de intereses particularizados que son, de nuevo, los que son”. El experto también señala que los receptores no pueden esperar demasiado de los medios, es decir, en cuánto a calidad de información, contrastación de fuentes e imparcialidad.

Una de las características, que ha marcado un cambio de paradigma en la comunicación, es el papel protagónico del receptor, quien se ha convertido en un selector y analista de la información que recibe. El problema que nos presentan los medios de comunicación actuales se puede tornar en una ventaja cuando los  perceptores investigan, contrastan fuentes y van más allá de las letras o imágenes ofrecidas. “Utilicemos las rendijas que ofrecen (los medios), pero procuremos romper su lógica”, acota Taibo, porque sin duda alguna lo que esperamos está en nuestro poder de discernimiento y logro.

Una entrevista, Correa, por favor

Creo que el por favor es imprescindible; por lo menos siempre que solicito una entrevista (sea a un ente público o privado), mantengo mi cortesía. De igual forma si me solicitan un espacio para informar (sea un ente público o privado), estoy dispuesta a dárselo. No podría etiquetar a una persona como “funcionario partidista y seguidor ciego de órdenes ejecutivas”, para negarle su derecho a expresarse.

Sin embargo, no todos piensan así. El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, dispuso que los ministros de su gobierno no den entrevistas a medios privados, a los que denomina “medios mercantilistas nacionales propiedad de media docena (de) familias”; con lo cual muchos “mercaderes de la comunicación”, periodistas y analistas la consideran una medida anticonstitucional y que atenta contra la libertad de expresión e información.

En este debate vienen primero las cuestiones de interpretación a las que el actual gobierno ecuatoriano nos ha sometido varias veces. Ahora ¿qué es un medio de comunicación mercantilista? De acuerdo al concepto de mercantilismo, serían los medios que negocian con algo que no deben ser objeto de comercio. Obviamente, la comunicación no es un bien o servicio mercantil, pero en el caso de los medios privados está manejada bajo una lógica de comercio, que debe usarse para mantener el medio. Es incuestionable que algunas familias han monopolizado “el negocio”, pero tampoco se puede generalizar que todos los medios privados bajo esa lógica. Mi pregunta es ¿cómo el ejecutivo determinará a quienes concederá o no entrevistas?

Otro de los puntos es la garantía que exige la constitución para la transparencia y acceso a la información pública, actualmente garantizada por la LOTAIP. Según las conclusiones del Foro Transparencia y acceso a la información pública en Ecuador, esta ley “además de ser un instrumento indispensable para exigir el acceso a la información, es también una herramienta fundamental para hacer efectivos otros derechos, pues sin información no se conocen ni ejercen los derechos adecuadamente. Ello nos remite a reflexionar sobre el rol de la Ley como mecanismo fundamental para la toma de decisiones y para la acción argumentada real y eficaz de la participación ciudadana”.

Muchas veces he recurrido a esta ley para obtener información necesaria para mis estudios e investigaciones, pero que han sido de interés público. Entonces, ¿qué hacer cuando la información pública se debe dar a conocer a la sociedad? La solución puede ser que la institución emita un boletín de prensa, pero ¿cómo esté tendría un alcance masivo? Sin duda alguna a través de los medios de comunicación, pero no basta con transmitir lo leído. La labor periodística se centra en contrastar la información, buscar las fuentes, profundizar y discutir el tema. Sin embargo, esta tarea se tornaría más difícil sin los argumentos oficiales del sector público, porque consideremos que subalternos cumplirán la disposición y las instituciones mantendrán, digámoslo sencillamente, una ley de hielo.

Finalmente, la ciudadanía estaría limitada al no recibir información completa por los medios que prefiera hacerlo. “No hay ningún atentado a la libertad de expresión, sino al ‘business’ (negocio) de estos señores”, afirma Correa; sin embargo la ciudadanía es la principal afectada.  El gobierno ocultamente está planteando que si queremos conocer los hechos públicos con veracidad o de las voces oficiales, acudamos a los medios públicos o los no mercantilistas.

Omar Simon afirmó que nadie tiene la obligación de conceder entrevista. Pero a él y a otros funcionarios les recuerdo que el por favor, es un mero pedido y no del medio, sino de la ciudadanía, a través de él. Cada uno sabrá si se siente obligado o comprometido con su labor de responsabilidad social, en este caso, de rendir cuentas a la ciudadanía.

“No soy cortesano de la berenjena”

Les comparto un texto del escritor Eduardo Galeano donde, de manera sencilla, se puede entender la forma que algunos medios o periodistas sucumben ante intereses individuales:

Instrucciones para triunfar en el oficio

Hace mil años, dijo el sultán de Persia:
-Qué rica.
Él nunca había probado la berenjena, y la estaba comiendo en rodajas aderezadas con jengibre y hierbas del Nilo.
Entonces el poeta de la corte exaltó a la berenjena, que da placer a la boca y en el lecho hace milagros, porque para las proezas del amor es más poderosa que el polvo de diente de tigre o el cuerno rallado de rinoceronte.
Un par de bocados después, el sultán dijo:
-Qué porquería.
Y entonces el poeta de la corte maldijo a la engañosaberenjena, que castiga la digestión, llena la cabeza de malos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos al abismo del delirio y la locura.
-Recién llevaste a la berenjena al Paraíso, y ahora la estásechando al infierno –comentó un insidioso.
Y el poeta, que era un profeta de los medios masivos decomunicación, puso las cosas en su lugar:
-Yo soy cortesano del sultán. No soy cortesano de la berenjena.

Correa: líderazgo o autoritarismo (Los enfoques de la información)

Les comparto un artículo del periodista Gustavo Abad sobre los diversos criterios que se pueden tener respecto a un tema que, sin ser verdad uno o mentira el otro, corresponden a la realidad ¿Es entonces que la información tiene varios enfoques y es posible exaltar uno y juzgar el otro? Por ejemplo, en el caso de Ecuador que menciona Abad para su análisis, Correa es denominado, por un lado, como el líder de la revolución y, por otro, connota un gobierno autoritario ¿Los dos medios mienten o alguno dice la verdad?  Espero que el artículo nos ayude a encontrar las respuestas y, principalmente, a generar nuestro propio enfoque:

Hace varios años, en la redacción de un diario chileno se produjo un debate entre dos periodistas. Uno de ellos había descrito como “el anciano senador…” a Augusto Pinochet, quien todavía manejaba los restos de su poder desde una curul de legislador. Su colega lo retaba a que se refiriera al personaje, más bien, como “el ex dictador acusado de genocidio…” porque consideraba que esa descripción se ajustaba más a la realidad.

¿Quién estaba en lo cierto? Los dos… ¿Era Pinochet un anciano senador? Sí… ¿Era un ex dictador acusado de genocidio? También… ¿Se puede otorgar mayor validez a una afirmación por sobre la otra?  ¿Se puede establecer de manera inequívoca los efectos de cada manera de nombrar? Dejemos la respuesta para más adelante, en caso de que haya alguna.

Por ahora, recordemos que el periodismo es una narración de la realidad y, como toda narración, implica una mirada, una visión no libre de subjetividad.  Eso se manifiesta, sobre todo, en el enfoque, uno de los componentes fundamentales del relato periodístico. El enfoque consiste en situar los hechos, de manera intencional y consciente, dentro de un modelo interpretativo. Significa construir un sentido, proponer un modo de entender las cosas.

Por ello, resulta fuera de lugar el veto presidencial al artículo 203 de las Reformas al Código de la Democracia, que propone: “Los medios de comunicación se abstendrán de hacer promoción directa o indirecta, ya sea a través de reportajes, especiales o cualquier otra forma de mensaje, que tienda a incidir a favor o en contra de determinado candidato, postulado, opciones, preferencias electorales o tesis política”. Frente a las demandas de inconstitucionalidad contra esta posibilidad, la Corte Constitucional deberá emitir, a fines de este mes, un informe sobre el que existen sobradas expectativas.

Si analizamos desde criterios comunicacionales el contenido del veto, lo que propone el representante del poder político es regular el enfoque de la información, es decir, ponerle reglas al último territorio del periodismo donde la subjetividad está autorizada.

El enfoque es la mirada particular que el narrador construye mediante la información recabada. No hay relato periodístico sin enfoque, así como no hay gobierno sin proyecto político, sin importar si lo consideramos bueno o malo. La pregunta es ¿Se puede calificar y sancionar un relato por considerarlo favorable o perjudicial a cierto actor político sin violentar el derecho del periodista a ejercer libremente un enfoque informativo por bueno o malo que nos parezca? […]

Leamos un ejemplo de Abad para entender la situación::

El canal “X” publica un reportaje sobre el potencial candidato Rafael Correa y lo define como “el líder de un proceso revolucionario que está transformando al país…”, mientras que el canal “Y” hace lo mismo pero lo define como “el mandatario en cuyo gobierno decenas de líderes indígenas han sido enjuiciados por el supuesto delito de terrorismo…” ¿Significa que el primer medio tiene que ser sancionado por incidir a favor del candidato y el segundo también por incidir en contra? Dicho de otra manera ¿Significa que ambos mintieron o que sus afirmaciones son insostenibles?

Adicionalmente, no hay garantías de que se pueda conformar un organismo o designar a una autoridad con capacidad para dirimir con justicia respecto, no de uno, sino de miles de productos informativos que pudieran se impugnados desde esa visión simplista de estar a favor o en contra de alguien. Lo que para unos es favorable, para otros es perjudicial. Tendríamos a una multitud enfrentada a otra multitud y, en medio de las dos, el señuelo inalcanzable de la verdad.

Esto no significa que los periodistas puedan desarrollar su trabajo desde la subjetividad absoluta, porque entonces cualquiera podría vendernos propaganda por periodismo y hacer campaña disfrazada de información. De hecho, esa ha sido una práctica recurrente en los medios –recordemos la campaña en contra de la Ley de Comunicación- y es el resorte que mueve al gobierno a plantear una normativa al respecto, aunque de manera poco viable.

El riesgo de una visión sobrecargada a cualquier lado se aplaca mediante un equilibrio informativo, una diversidad de fuentes, unos datos verificables, unos testimonios coherentes,  y otros aspectos que conforman la especificidad de la información periodística. La correcta o deficiente aplicación de estos principios hace del periodismo un relato confiable o sospechoso. De eso depende la democratización de la información y no de una norma que, por lo que hemos argumentado, resulta impracticable o, lo que es lo mismo, inútil.

Mediaciones, mayo 2012

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