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Comunicación para el Desarrollo

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Educación, la base de un buen periodismo

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La educación y el aprendizaje son dos herramientas que el ser humano tiene para sobresalir; sin ellas, el valor de las personas se queda en lo material y efímero. Muchos piensan que la educación se limita a las enseñanzas que nos dieron en la infancia o a las materias impartidas en las aulas; no obstante, el proceso de aprendizaje es continuo y depende de cada uno de nosotros, de nuestros intereses y objetivos.

Los periodistas, al ser referentes del manejo del lenguaje y generadores de la opinión pública, deberían ser los primeros en fomentar el auto aprendizaje en la sociedad, como una forma de generar conciencia y debate. La mejor forma de educarse es a través de la lectura. Un periodista que no lee, que no se informa, que no investiga, está condenado, lamentablemente, a la pérdida de credibilidad y, por ende, a una crítica negativa de su oficio. Cada uno de nosotros, como lectores, no podemos negar la existencia de cientos de artículos con faltas de ortografía, mala redacción e, incluso, con argumentos erróneos, con un trasfondo tendencioso. Peor aún, no podemos rebatir los discursos hablados que utilizan términos inapropiados, redundancias y llegan a niveles de falta de respeto hacia los perceptores.

En un mundo de la comunicación con periodistas incultos, maleducados y mediocres, no se puede concebir libertad de expresión. La sociedad actual ya no depende exclusivamente de los medios de comunicación para informarse; pero lamentablemente, éstos siguen siendo un modelo a seguir que, queramos o no, influyen en nuestra conducta social. Como periodistas tenemos el derecho de comunicar de forma óptima y eficiente; con un contenido que más allá de informar, sea un aporte para involucrar a la sociedad en los hechos.  En cambio, como ciudadanos debemos exigir información de calidad, que aporte a nuestro acervo intelectual y cultural. Nuestros países ya no necesitan de morbo ni amarillismo ni subestimación, necesitan más proposición.

La Comunicación para el Desarrollo y su aplicación en el Ecuador

Pese a que las propuestas de las potencias mundiales empezaron a aplicarse en muchos países, estaban distanciadas de la realidad del Ecuador y no evidenciaron resultados de cambio. Según la Ecuarunari, se aplicaron “medidas económicas antipopulares según dictámenes del FMI, se devalúo la moneda, la deuda privada se sucretizó a favor de la burguesía bancaria e industrial y, se promulgó el Código Agrario basado en la ley de Desarrollo y Fomento Agropecuario que garantizaba la inversión de la empresa privada agro industrial, en desmedro de los campesinos e indígenas” [Ecuarunari, citado por Elianor Franco Romero, La experiencia de la sociedad civil ecuatoriana y la aplicación de objetivos de la Comunicación para el Desarrollo en medios de comunicación, Quito, 2011, p. 1].

Desde el retorno a la democracia se aplicaron modelos de desarrollo orientados al crecimiento económico y la modernización de la sociedad; “se consolidó una economía financiera especulativa que promovía las exportaciones de productos primarios, una actividad extractiva que deterioraba los ecosistemas y la obtención de utilidades en base a una sobre-explotación de la fuerza de trabajo” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 10]. Sin embargo, según Alberto Acosta, analista económico y ex Presidente de la Asamblea Constituyente 2008, “el crecimiento basado en inagotables recursos naturales y en un mercado capaz de absorber todo lo producido no han conducido al desarrollo” [Elianor Franco Romero, La experiencia de la sociedad civil ecuatoriana y la aplicación de objetivos de la Comunicación para el Desarrollo en medios de comunicación, Quito, 2011, p. 9]; por el contrario, sólo fueron resultados de políticas públicas erróneamente aplicadas, que desvincularon al mercado, al Estado y la sociedad.

Es recién en 2007, cuando en la Constitución de Montecristi se trata el tema de desarrollo nacional en el Art. 3 del Buen Vivir o Sumak kawsay: Planificar el desarrollo nacional, erradicar la pobreza, promover el desarrollo sustentable y la redistribución equitativa de los recursos y la riqueza; por lo mismo, la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades) en su Plan Nacional de Desarrollo 2007-2010 define al “desarrollo como la consecución del buen vivir de todos y todas” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 10]; es decir el crecimiento del país será el proceso que conducirá a una mejor forma de vida.

De acuerdo con Rubén Bravo, el buen vivir “presupone que las libertades, oportunidades, capacidades y potencialidades reales de los individuos se amplíen de modo que permitan lograr simultáneamente aquello que la sociedad, los territorios, las diversas identidades colectivas y cada uno valora como objetivo de vida deseable” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 10]; por otro lado, el Sumak kawsay es una cosmovisión andina “de un proceso civilizatorio que nada tiene que ver con la modernidad y por lo tanto es una manera de vivir lejos de todo crecimiento económico” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 10].  Por lo tanto, ambos términos buscan un ejercicio pleno de las capacidades humanas que generen un desarrollo en cualquier área, con el fin de producir bienestar.

Actualmente, las instituciones del sector público ya incluyen a la comunicación en sus planes o proyectos, como parte del Plan del Buen Vivir; algunas del sector privado también la consideran al momento de tomar decisiones, aunque “algunos dirigentes institucionales se hacen auto crítica respecto al empleo limitado de los recursos comunicativos” [Elianor Franco Romero, La experiencia de la sociedad civil ecuatoriana y la aplicación de objetivos de la Comunicación para el Desarrollo en medios de comunicación, Quito, 2011, p. 5]. De todas maneras, ahora ya se tiene un mayor conocimiento y apreciación de la Comunicación, como un elemento democrático al momento de buscar un cambio social, porque permite “que los pueblos y comunidades se encaminen hacia  la equidad, la justicia, la libertad, el respeto al otro, la interculturalidad, la ética, […] el incremento de las redes de relaciones para generar diálogos y debates en donde se construya nuevos sentidos liberadores” [Rubén Bravo, La Comunicación para el Desarrollo en las política públicas ecuatorianas: retrospectiva y situación actual, Quito, 2011, p. 11].

Centros de comunicación en América Latina

Con el surgimiento de nuevas formas y enfoques de la Comunicación, no fue suficiente potenciar el trabajo individual de los medios y empresas. Para conseguir un crecimiento de las regiones de América Latina es necesaria la suma de esfuerzos; es por eso, que la experiencia de cooperación interinstitucional entre organizaciones de Comunicación y otras propulsoras del desarrollo ha sido muy amplia en el continente.

En muchos países, los medios comunitarios no se pueden mantener por sí mismos, no sólo en lo referente al aspecto económico sino también en cuanto a su independencia y fines de constitución. “El financiamiento ha sido un limitante para la existencia de medios comunitarios realmente autónomos. En ocasiones, cuando el Estado proporciona el apoyo, también condiciona los contenidos y ejerce una censura abierta o velada” [Alfonso Gumucio, citado por Raisa Urribarrí,  Medios comunitarios: el reto de formar(se) para la inclusión, Revista Comunicación, (Venezuela),  (2007): 50]; o en ciertos casos, los encargados de los medios pierden su horizonte y tergiversan el fin comunitario que debería mantenerse. Muchas radios comunitarias sin apoyo, han sido sometidas al poder, como el caso de Venezuela, o simplemente han desaparecido.

Sin embargo, otros medios comunitarios se unieron para fortalecerse e, incluso, buscaron apoyo de otras instituciones para no limitarse simplemente a informar, más bien a contribuir a la sociedad. En México, los indígenas querían radios comunitarias para compartir información de su cultura en su propio idioma. Si la iniciativa se quedaba sólo en una comunidad y no buscaba expansión, seguramente se hubiera extinguido; pero los indígenas, con apoyo de profesionales de varias ramas, sacaron adelante el proyecto. En 1979, el Instituto Nacional Indigenista (INI), organismo autónomo e independiente del gobierno federal mexicano, crea el Sistema de Radiodifusoras para llevar a cabo proyectos de comunicación, información, promoción y difusión de las culturas y tradiciones indígenas.  Esta idea permitió mantener y consolidar la comunicación comunitaria indígena con la participación de todos los miembros, y además fomentó el progreso de las diferentes etnias, en cuanto, a educación, salud  y trabajo. Actualmente, el sistema cubre alrededor de novecientos cincuenta y cuatro municipios, con emisiones en treinta y una lenguas indígenas y en castellano.

Otra forma de cooperación y de trabajo interdisciplinario es los Centros de Comunicación (CC) que buscan la unidad de personas, medios de comunicación, organizaciones e instituciones para consolidar el aprendizaje y la acción conjunta, que generen un proceso de desarrollo.  Tal es el caso de México, Centro América y el Caribe donde se ha potenciado la Comunicación Alternativa, con lo cual, se han formado redes de apoyo interregional. El Centro de Comunicación para el Desarrollo de América Central y el Caribe es “una organización no lucrativa integrada por un grupo de profesionales de diferentes disciplinas que buscan una manera diferente de hacer comunicación y que está enfocada a mejorar la calidad de vida de las personas, mediante la coordinación de esfuerzos a nivel regional”. En un inicio se lo planteó como CC, pero actualmente se ha cambiado su denominación a plataforma de CPD (Comunicación para el Desarrollo)  por no ser un espacio físico, pero que mantiene sus fundamentos.

La plataforma nació en el 2006 y está conformada por medios de comunicación, organizaciones de Comunicación para el Desarrollo y otras de bienestar social de México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá; así como cuenta con el apoyo de organismos internacionales como la ONU, UNESCO, FAO Roma, etc. para aplicar procesos de comunicación que contribuyan al desarrollo social, en armonía con el ambiente.

El trabajo de la plataforma consiste en propiciar la reflexión sobre la realidad de los países miembros y mejorarla a partir del intercambio de materiales, conocimientos y experiencias de comunicación, que permitan, en forma conjunta, planificar y ejecutar proyectos de desarrollo.

Lecturas de interés:

Comunicación y desarrollo en América Latina. El Caso de la radio indigenista en México: Radio XEVFS 

Educomunicación: concepto y clasificaciones

Célestin Freinet fue el educador que en 1926, por problemas de salud, económicos y sociales, buscó una forma autogestionada de enseñar a sus alumnos. Al querer incentivar la participación de los educandos, Freinet adquirió una imprenta para que, mediante sus propios esfuerzos, pudieran plasmar sus conocimientos y compartirlos con sus demás compañeros y el pueblo donde vivían. La actividad no correspondía a cumplir un deber para obtener una nota; por el contrario, era una forma entretenida de exponer sus ideas. “La colección del periódico escolar se fue haciendo memoria colectiva del grupo, registro de su proceso de descubrimiento y de sus avances en la producción de conocimiento. De adquisición individual, el saber pasó a transformarse en construcción colectiva, en PRODUCTO SOCIAL” [Freinet, citado por Mario Kaplún, Una pedagogía de la comunicación,  Madrid, Ed. De la torre, 1998, p. 205].

A partir de esta iniciativa, de los estudios acerca de la Educación y  de los avances de la Comunicación Comunitaria y para el Desarrollo, Mario Kaplún plantea la Educomunicación, como una forma de utilizar recursos comunicativos para que, “los destinatarios tomen conciencia de su realidad , para suscitar una reflexión, para generar una discusión” [Una pedagogía de la comunicación,  Madrid, Ed. De la torre, 1998, p. 17].

Paulo Freire es el punto de partida de un nuevo enfoque de la Educación; a partir de sus estudios del modelo de enseñanza tradicional europeo, llega a la conclusión de que es bancario, que se enfoca únicamente en los contenidos porque el maestro simplemente deposita conocimientos en sus alumnos; es decir, utiliza un sistema vertical paternalista, al cual lo denomina como Educación con enfoque en el contenido o Pedagogía del Oprimido:

  • Los programas de estudio son amplios y basados en los conceptos que la fuente emisora (el profesor) considera importantes.
  • Se da muy poca importancia al diálogo y a la participación.
  • Se valora mucho el dato y muy poco el concepto.
  • Se premia la buena retención de los contenidos (esto es, su memorización) y se castiga la reproducción poco fiel. La elaboración personal del educando es asimismo reprimida como error.
  • Hay una sola verdad: la del profesor. La experiencia de vida de los educandos es desvalorizada.

En cuanto a aprendizaje, solo se da la memorización y repetición de lo aprendido; la participación e invención están ausentes, por lo cual no se consigue una asimilación ni incorporación de los conocimientos. Como resultado, el alumno es un ser pasivo que solamente acata órdenes, no razona sobre lo aprendido y no tiene un criterio. Por otra parte, se marca una gran separación entre quienes imparten conocimiento y quienes lo reciben, existe dominio de las minorías y en las mayorías se acrecienta el sentimiento de subordinación. Este esquema de educación estaba basado en el modelo de tradicional de comunicación.

Sin embargo, para quienes estaban interesados en coordinar a las masas, no era suficiente memorizar los conocimientos sino también aplicarlos constantemente. Si antes se habló de un modelo bancario, a este nuevo se lo podría definir como manipulador, es decir, una Educación enfocada en los efectos, porque se empleó todo tipo de recursos para “inducir y persuadir a la población a adoptar determinadas formas de pensar, sentir y actuar, que le permitan aumentar su producción y su productividad y elevar sus niveles y hábitos de vida” [Jorge Ramsya, citado por Mario Kaplún, Una pedagogía de la comunicación,  Madrid, Ed. De la torre, 1998, p. 32]. Este mecanismo se lo conoció como Ingeniería del Comportamiento y se originó a partir de teorías de la Psicología Conductista o Behaviorista, en la cual se plantea que un estímulo genera determinado comportamiento que debe ser incentivado mediante una recompensa. En el caso de la Comunicación, el modelo aplicado era el de Harold Laswell (quién dice, qué, a quién, por qué canal y con qué efecto), es decir, “se otorgó a los medios de comunicación, plena potestad para dirigir las conductas de los seres humanos e incluso manipularlas” [Martha Dubravcic, Comunicación popular: del paradigma de la dominación al de las mediaciones sociales y culturales, Quito, Ed. UASB/ Abya-yala/ Corporación Editora Nacional, 2007, p. 15].

Como consecuencia de esto, los beneficiarios se acostumbran a ser guiados, se motiva el individualismo y la competitividad; al imponer formas de vida se atenta contra el valor cultural; no se favorece al razonamiento, la libre participación, la interrelación, ni la toma de decisiones; y produce que los grupos dominantes amolden la conducta de la población acorde a sus intereses. El problema de este tipo de educación es que se basa en una comunicación irreflexiva, que no se da en la libre elección y que, como en el caso de la anterior, quien la emite es quien tiene el control. Al modelo tradicional se le agrega el factor de retorno o retroalimentación (feedback), lo cual podría considerarse como participación del receptor; sin embargo, al momento de la elaboración del mensaje no se lo toma en cuenta porque ya existe una determinación; es simplemente “un mecanismo para comprobar la obtención de la respuesta buscada y querida por el comunicador” [Mario Kaplún, Una pedagogía de la comunicación,  Madrid, Ed. De la torre, 1998, p. 42].

A estos dos modelos, Mario Kaplún los denominó exógenos porque están planteados desde fuera del destinatario, como externos a él: el educando es visto como objeto.  En cambio, el tercer modelo de educación llamado liberador o transformador por Paulo Freire, tiene enfoque en los procesos.El ser humano es el eje central porque es quien propone, reflexiona y actúa; es por ello que este modelo se lo conoce como endógeno, “se pone énfasis en la transformación de la persona y las comunidades, en la interacción dialéctica entre las personas y su realidad, en el desarrollo de sus capacidades intelectuales y de su conciencia social” [Mario Kaplún, Una pedagogía de la comunicación,  Madrid, Ed. De la torre, 1998, p. 19]. Los educandos son educadores también, existe un proceso mutuo de reflexión y análisis. Esta dinámica, en el transcurso de la cual los hombres se van educando entre sí, es precisamente «el proceso» educativo”.

A diferencia de los otros modelos, éste asume el error como parte del proceso de búsqueda; no evade el conflicto, lo ve como una oportunidad de crecimiento; sus objetivos no se centran en el aprender ni en el hacer, sino en el pensar, para posteriormente transformar una realidad. Su fundamentación es efectiva para el aprendizaje, puesto que con participación, investigación, cuestionamientos e involucrándose en la problemática se puede llegar al conocimiento. “Se aprende de verdad lo que se vive, lo que se recrea, lo que se reinventa y no lo que simplemente se lee y se escucha. Sólo hay un verdadero aprendizaje […] cuando hay autogestión de los educandos” [Mario Kaplún, Una pedagogía de la comunicación,  Madrid, Ed. De la torre, 1998, p. 51].

Sin embargo, en este caso no se debe subvalorar el papel del educador, que es un apoyo y guía en el proceso de aprendizaje. Es quien provee información que debe ser analizada  y discutida con los estudiantes; pero no cualquier tipo, sino datos que sean de interés.Si esa inquietud no nace en el grupo y el educador juzga que esa información es imprescindible para que los educandos puedan avanzar en su proceso, su primera tarea será despertar esa inquietud y plantearles el problema. También el educador cumple un papel de mediador entre sus propios conocimientos y los que van generando los estudiantes, mediante esto se aclaran dudas y se amplía el conocimiento de ambas partes.

Es importante que los procesos comunicativos que buscan la participación activa de la población tengan una ejecución pedagógica, que no sirva únicamente para impartir conocimiento, sino sea un acto de aprendizaje, reflexión y actuar mutuo.

Comunicación para el desarrollo: concepto y aplicaciones

Tras los primeros esfuerzos por conseguir el desarrollo, a fines de la década de los 80, los gobiernos de algunos países trabajaron en políticas estatales que favorezcan al desarrollo de los sectores sociales. A partir de esto, se creó una relación del sujeto con la acción social y gubernamental para resolver problemas en corto y largo plazo, pero principalmente, de una manera sostenible.

Los primeros proyectos de comunicación se centraron en mejorar las condiciones de sanidad y de producción agrícola de la población campesina y rural; en un inicio, no se consideraban las condiciones y requerimientos de los destinatarios, por desconocimiento del esquema de Comunicación Intermedia; sin embargo, muchas instituciones y organizaciones resaltaron la relación que debía procurar el emisor con la comunidad para garantizar el éxito de sus trabajos.

Por otro lado, se consideraba al desarrollo únicamente como crecimiento económico. En América Latina se realizan altas inversiones, pero existe desigualdad en la distribución de riquezas, lo cual genera inconformidad y exclusión social. Es por ello, que para hablar de desarrollo se suma la búsqueda de mejores condiciones de vida que implican: “Mejor educación, mejores condiciones de salud, de empleo, para el desarrollo personal y profesional, mayores oportunidades para invertir o realizar negocios, buena calidad ambiental, instituciones que conocen su razón de ser y son útiles al ciudadano, etc.” [David Solano, Estrategias de comunicación y educación para el desarrollo sostenible, UNESCO, 2007, p. 9]. No se pueden generar cambios estructurales con sólo un elemento que los impulse; un desarrollo sostenible es aquel que se compone de cuatro factores claves: “Lo económico (es necesario tener inversiones y un flujo de capitales adecuados), lo social (es necesario que las condiciones de vida sean adecuadas para la población y además que las personas se sientan parte de este progreso), lo ambiental (es necesario que los recursos naturales se usen sosteniblemente y se mantenga una adecuada calidad ambiental) y lo institucional (debe existir instituciones fuertes y que den sustento y continuidad al progreso logrado)” [Íbid].

De acuerdo a esto, se puede definir a la Comunicación para el Desarrollo como “el diseño sistemático y el uso de actividades de participación, enfoques de comunicación, métodos y medios para compartir información y conocimiento entre todos los miembros en un proceso de desarrollo, para asegurar el entendimiento mutuo y el consenso que lleva a la acción. Tiene como fin facilitar la participación de la población en todos los niveles del proceso de desarrollo, para identificar e implementar políticas apropiadas, programas y tecnologías para prevenir y reducir la pobreza con el fin de mejorar las estrategias de vida de la población, de una manera sostenible” [Chike Anyaegbunam y otros, Manual de diagnóstico participativo de comunicación rural, Roma, Ed. FAO,  2008, p. 9].

La Comunicación facilita los procesos de desarrollo, mediante el aprovechamiento de varios recursos: El uso de los medios audiovisuales como herramienta para realizar diagnósticos de necesidades en las comunidades, el uso del video para promover la reflexión sobre los mismos problemas locales y generar propuestas de trabajo, el uso de las radios para crear redes de comunicación entre los protagonistas de los proyectos de desarrollo.

También es necesario considerar estos elementos claves al momento de plantear procesos de comunicación para el desarrollo [David Solano, Estrategias de comunicación y educación para el desarrollo sostenible, UNESCO, 2007, p. 11]:

  • Trabajar en la sostenibilidad (operativa y financiera). Esto debe buscar su institucionalidad y ser parte importante de las instituciones que la promueven y aquellas que la acogen; es decir, deben estar comprometidas con estos procesos.
  • Mostrar con mayor claridad la relación entre los elementos del desarrollo “sostenible” (económico, social, ambiental e institucional) y como los desafíos no funcionan sin uno de ellos.
  • Tener objetivos claros de los procesos y cuál es la relación entre estos y el desarrollo.
  • Contar con metodologías y materiales de apoyo fáciles de masificar o de adaptar, para favorecer la replicabilidad.
  • Multiplicar actores, no centrándolos en los clásicos (Estado y ONG) los cuales llegan directamente al público objetivo final, sino incorporando actores intermedios como universidades, centros de investigación, entre otros. Esto significa pensar en los procesos para el público final y estos grupos intermedios.
  • Pero, sobre todo, mostrar que los procesos desarrollados han comprometido a las personas en la búsqueda del desarrollo. El nuevo verbo para el desarrollo no debe ser “sensibilizar” sino “comprometer” a las personas.

En general, un proceso eficaz de comunicación alcanza sus objetivos cuando involucra a las personas en lo que sucede y los ayuda a entender su realidad (saber), los hace sentir parte de la sociedad y a aportar en ella (saber ser) y los motiva a participar en los procesos de desarrollo (saber hacer); con lo cual, a largo plazo, se consolida un proceso de metacognición, en el cual, los beneficiarios están capacitados a resolver por sí mismos sus problemas gracias a su capacidad de aprender a aprender.

Schramm: Comunicación aporta al Desarrollo

El comunicólogo Wilbur Schramm, profesor de la Universidad de Stanford, en la década de los 60 estudió el fenómeno de la comunicación y su relación con el desarrollo; con lo cual, publicó en 1964 un relevante estudio, tomando en cuenta la realidad de los países en vías de desarrollo.

Su estudio analizó las características de la comunicación masiva para atender las necesidades de desarrollo social y determinó que la parte receptora debe “estar informada de los planes, acciones, logros y limitaciones del esfuerzo pro desarrollo; hacerse partícipe del proceso de toma de decisiones sobre asuntos de interés colectivo; y aprender las destrezas que el desarrollo les demanda dominar” [Luis Ramiro Beltrán, La Comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo, Buenos Aires, 2005, p. 19]. Además su estudio sirvió de base teórica para el uso de la comunicación social al servicio del desarrollo.

Para el análisis comunicativo, Schramm tomó como referencia la teoría de las etapas de crecimiento de Whitman Rostow, la cual explica el proceso de desarrollo económico de un país:

  1. Sociedad tradicional: La economía se caracteriza por una actividad de subsistencia y no existe comercialización, debido a que no se ha explotado los beneficios de la ciencia y tecnología en favor del crecimiento económico.
  2. Condiciones para el despegue: Es el periodo de transición, en el cual la sociedad tienen un acercamiento con la tecnología y se trabaja en las primeras destrezas para manejarla. Se hace un compromiso de cambio para generar desarrollo.
  3. Proceso de despegue: Es la etapa de crecimiento rápido de los sectores económicos. Los procesos de desarrollo tecnológico se extienden y la industrialización se generaliza, la economía explota recursos naturales e incorpora procedimientos de producción avanzados.
  4. Camino hacia la madurez: Es el periodo extendido de la aplicación tecnológica y se dan cambios a nivel económico y social como migración, industrialización, comercio exterior, etc.
  5. Sociedad de alto consumo masivo: La economía se centra en los servicios y bienes de consumo. Se consolida el Estado benefactor y se prioriza el trabajo en las áreas de bienestar y seguridad social.

Con esto, Schramm señaló seis funciones de la comunicación como aporte al desarrollo:

  • Contribuir al sentimiento de nacionalidad.
  • Informar acerca de la planificación nacional.
  • Ayudar a enseñar las destrezas necesarias para el manejo de tecnologías.
  • Ayudar a ampliar el mercado
  • Motivar el pensamiento y acción para el desarrollo.
  • Preparar a la gente a representar su papel como parte de una sociedad moderna.

Para poder cumplir con estas condiciones, fue necesario trabajar desde los medios de comunicación para llegar a la gran mayoría de la sociedad y darles un nuevo enfoque informativo. El cambio en la función de los medios masivos que Schramm planteó, fue apoyado por la UNESCO para su divulgación y pronta consolidación de esta nueva forma de hacer comunicación, principalmente en América Latina, donde empezaron a surgir varios medios comunitarios, que tenían fines educativos y de progreso, y donde varias instituciones se interesaron por ejecutar proyectos específicos para el desarrollo económico y social.

La Comunicación se convirtió en parte integradora y promotora del cambio. Ahora también evidenciaba la importancia de hacer partícipes a los beneficiarios en los procesos de desarrollo.

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