Archives

Latinoamérica

Esta etiqueta está asociada a 5 entradas

Primeros medios comunitarios en Ecuador

Los primeros medios comunitarios del Ecuador fueron las radios, que surgieron por influencia de la experiencia educomunicativa que planteó Radio Sutatenza en toda América Latina; las radios populares de Riobamba recogieron los nuevos principios y métodos para aplicarlos en su programación y enfocarlos en la alfabetización. De igual manera, la Iglesia Católica desempeñó un papel fundamental en la creación y apoyo de los medios comunitarios, puesto que encontraron, en este medio y en el nuevo modelo, una forma más fácil para acercarse al pueblo. Gracias al trabajo y apoyo de Monseñor Leonidas Proaño, se fundó en 1962 las Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador (ERPE), red que estaba conformada por algunas radios comunitarias enfocadas en la alfabetización, educación y evangelización de los pueblos indígenas.

“Estas experiencias de comunicación alternativa vinculadas con la Iglesia Católica y aquéllas de carácter progresista con el tiempo formaron la Coordinadora de Radio Popular Educativa del Ecuador (CORAPE)” [Entrevista realizada a José Ignacio López Vigil, Director Radialistas Apasionadas y Apasionados, Quito, 01 de diciembre de 2010].  CORAPE es un organismo independiente que se creó en 1989 y agrupa a medios alternativos, educativos y/o populares para su fortalecimiento en el trabajo por el desarrollo social en conjunto. “Es una red nacional que participa con liderazgo en redes latinoamericanas y mundiales […], con alta capacidad tecnológica, con acceso al satélite y otras plataformas tecnológicas, que provee capacidad comunicacional al conjunto de la red y todos sus afiliados” [Folleto Corape 20 años, Quiénes somos, Quito, 2010].

Los medios de comunicación pertenecientes a CORAPE llegaron a conocerse como los primeros alternativos; sin embargo, por no existir una ley específica para este tipo de medios se crearon como públicos o comerciales de servicio comunitario, pero no todos mantuvieron su objetivo por problemas económicos y tampoco su total independencia, por influencia de la Iglesia o de otro tipo de intereses. Por otro lado, las experiencias latinoamericanas de radios comunitarias de movimientos sociales, como “las mineras de Bolivia o las juveniles de Venezuela, no tuvieron acogida en Ecuador” [Entrevista realizada a José Ignacio López Vigil, Director Radialistas Apasionadas y Apasionados, Quito, 01 de diciembre de 2010]. Si bien la sociedad latinoamericana cobró protagonismo en el ámbito comunicativo popular, aquí su fuerza se evidenció primero en los grupos indígenas. CIESPAL aportó para el surgimiento y fortalecimiento de los primeros medios comunitarios en el país y, en conjunto con miembros de Radio Latacunga y con financiamiento de la Organización de Estados Americanos (OEA), planteó en 1983 “el proyecto de formación de comunicadores populares, que luego se llamó de Cabinas Radiofónicas de Cotopaxi” [Daniel Prieto, La experiencias del CIESPAL en los años 90, Revista Chasqui, (Quito),  (1999): 76].  Frente a problemas de desinformación y analfabetismo de la población, la propuesta tuvo como objetivos “canalizar y aumentar la participación, generar un proceso educativo, difundir información y compartir experiencias” [Lucelly Villa, Radio Latacunga: Red de reporteros populares, Quito, Ed. Paulinas, 1996, p. 56]; es decir, mediante la instalación de cabinas estratégicas para las grabaciones y producción radial, se logró una manera efectiva de involucrar directamente a campesinos e indígenas, para que sus ideas y pensamientos sean transmitidos por la radio comunitaria de su localidad. Esta labor fue el primer acercamiento comunicativo con este segmento poblacional, que además de propiciar una interrelación, permitió dar a conocer su realidad y, posteriormente, trabajar en proyectos para cambiarla.

Por influencia de este tipo de experiencias, los indios decidieron crear sus propios medios de comunicación comunitarios. Inti Pacha en Cangahua, cantón Cayambe, fue la primera radio indígena, que “propició el surgimiento de otras en Imbabura, Chimborazo y Bolívar que, poco a poco, consolidaron un concepto de radios indígenas comunitarias” [Entrevista realizada a José Ignacio López Vigil, Director Radialistas Apasionadas y Apasionados, Quito, 01 de diciembre de 2010]. Sin embargo; al igual que las radios pertenecientes a CORAPE, algunas tuvieron que constituirse también como comerciales por las limitaciones de la época.

Otras experiencias de medios comunitarios en América Latina

A finales de los 70 y durante la década de los 80, las iniciativas de comunicación alternativa crecían inevitablemente en el continente. Sin embargo, no fue suficiente el ideal, sino las manifestaciones concretas para conseguir los objetivos comunicativos. Los medios, principalmente las radios comunitarias, necesitaron de apoyo institucional para el desarrollo de sistemas y modelos de producción comunicativa; por ello, el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL) junto con Radio Netherland ejecutaron programas de formación para la creación y manejo de las radios comunitarias en América Latina. “Hay técnicas, modelos y destrezas de la radio tradicional que se deben conocer y aplicar […] Es ahí donde nosotros (CIESPAL) desempeñamos un papel importante porque hemos desarrollado un sistema de capacitación para la producción” [Francisco Ordoñez, Ciespal y las radios comunitarias, Revista Chasqui, (Quito),  (1993): 22].    Así mismo, esta institución centró sus esfuerzos en “investigaciones comunicativas, en la producción de material didáctico para socializar el conocimiento y el trabajo de campo sobre esta nueva forma de hacer comunicación” [Entrevista realizada a César Herrera, Coordinador del Centro Audiovisual y Multimedia de CIESPAL, Quito, 12 de mayo de 2011].

En casos de países específicos, el crecimiento de medios alternativos en Brasil fue significativo por problemas que se suscitaron entre los medios de las clases dominantes o los partidos políticos en contra de los movimientos sociales; por ejemplo, tras situaciones de represión e inconformidad, el movimiento campesino de los “Sin Tierra” optó por crear sus propios medios. En la actualidad, “en las periferias urbanas de muchas ciudades proliferan también medios de los sectores populares, sobre todo radios comunitarias y periódicos barriales, pero también se han ido estableciendo, en el imaginario popular, espacios de encuentro como plazas o centros sociales” [Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 106].

Pero los logros de la Comunicación Comunitaria en América Latina no son visibles en todos los países.  En Venezuela se han gestado más medios comunitarios, de acuerdo a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel); “sin contar los periódicos e innumerables sitios de Internet,  […] en apenas cuatro años (mayo 2002 – abril 2006) se habilitaron 193 medios radioeléctricos: 126 emisoras y 27 canales de televisión” [Raisa Urribarrí,  Medios comunitarios: el reto de formar(se) para la inclusión, Revista Comunicación, (Venezuela),  (2007): 49].

Sin embargo, estos espacios que se crearon con un fundamento de búsqueda de visibilidad y respeto a las minorías, pasaron a uno de exclusión e intolerancia política.  La guerra mediática, que se inició con el “apagón informativo” en abril de 2002, provocó, por un lado, que el Gobierno ingeniara formas para acaparar los medios; y por otro, que los medios comunitarios cedieran a satisfacer los requerimientos políticos para mantenerse vigentes, pues dependen de la habilitación del Conatel para las frecuencias y, en ciertos caso de los recursos que les provee el Estado. Son escasos los medios que, con dificultad, logran defender su autonomía porque puede autofinanciarse.

De todas formas, en el continente los medios comunitarios se han concebido como una herramienta de desarrollo. Pese al financiamiento del gobierno y la inevitable competencia con los medios privados, “los conflictos económicos e ideológicos de cada país no han impedido que muchos se mantengan y defiendan su concepción  original” [Mariana García, Medios ciudadanos y comunitarios en América Latina, Colombia, 2006].  (artículos de esta autora y similares los puedes encontrar en Centro de Competencia en Comunicación para América Latina).

Las radios mineras de Bolivia, primeras radios de pueblo

En 1944, con el fin de mejorar la comunicación entre ellos y para transmitir sus ideas en su idioma original (quechua) a más del español, un grupo de mineros bolivianos invirtieron parte de su poco salario para constituir una radio propia. Los trabajadores no tenían experiencia radiofónica y sus transmisiones eran de corto alcance; sin embargo, con la estrategia de micrófono abierto, los mineros y los habitantes de los alrededores de las minas pudieron cumplir su propósito de libre expresión. Su labor no se quedó únicamente en sus lugares de trabajo ni en los sindicatos, avanzó a las escuelas, iglesias, incluso a los hogares; por lo cual, en poco tiempo se las denominó: radios de pueblo. “A finales de la década de los 50, se conformó una red de radios populares conformada por 33 emisoras” [Luis Ramiro Beltrán, La Comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo, Buenos Aires, 2005, p. 6], que era el gran medio de la “vox populi” indígena.

Poco a poco, la libre expresión de grupos subordinados se convirtió en un problema para el gobierno y las élites bolivianas quienes buscaron las formas de silenciarlos. Sin embargo, los movimientos defendieron sus derechos y fue gracias a sus propios medios de comunicación, que pudieron organizarse para sus actos de resistencia. “Las comunidades aymaras rurales y urbanas se apropiaron de las radios y las usaron como medio para intercambiar mensajes entre los comuneros que vivían en El Alto, ciudad del departamento de La Paz, y quienes permanecieron en las áreas rurales. Más que mensajes, trasmitían estados de ánimo, emociones, vivencias que de ese modo se reproducían en sitios muy alejados” [Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 105].

Este medio de comunicación permitió coordinar conductas y acciones que desencadenaron en una de las más grandes rebeliones en la historia aymara; de igual forma, durante el proceso de insurrección, por medio de la radio se convocó a los pobladores para que atendieran a los heridos y se unieran al frente de resistencia en contra de los militares. Las radios jugaron un papel destacado en la organización del movimiento social.

Pese a la represión que sufrieron los medios comunitarios, Bolivia ha mostrado un significativo surgimiento en cuanto a Comunicación Alternativa;  ahora no sólo se trabaja en radio, sino también en televisión. En los nuevos medios se involucran comunidades enteras, a través de reporteros populares y mediante la participación directa de los pobladores. “Los medios comunitarios han fortalecido la cultura, la visión del mundo y las formas de vida de la población boliviana” [Raúl Zibechi, Los movimientos sociales como sujetos de la comunicación, en María Belén Albornoz y Mauro Cerbino, comp., Comunicación, cultura y política, FLACSO, Ecuador, 2008, p. 106].

Radio Sutatenza, la primera radioescuela latinoamericana

En 1947, en la población colombiana de Sutatenza, el párroco Joaquín Salcedo tuvo la idea de utilizar la radio para educar a los campesinos y contribuir al desarrollo rural. El proceso de comunicación consistía en utilizar las diferentes experiencias de los moradores en temas de agricultura, salud o educación, para socializarlos mediante productos radiales, que eran realizados por los propios pobladores, con el fin de aplicar lo aprendido en la correcta toma de decisiones comunitarias. Así se marcaron cuatro fases fundamentales: recepción, reflexión, decisión y acción colectiva, que, en un inicio, fueron asesoradas por profesionales.

Con el paso del tiempo surgió la agrupación católica Acción Cultural Popular (ACPO) “que, al cabo de poco más de una década, abarcó a todo el país e, inclusive, cobró resonancia internacional. El proyecto recibió el apoyo del gobierno colombiano y de algunos organismos internacionales, con lo cual se pudo crear una red nacional de emisoras, el primer periódico campesino del país, institutos de campo para la formación de líderes y un centro de materiales de enseñanza” [Luis Ramiro Beltrán, La Comunicación para el desarrollo en Latinoamérica: un recuento de medio siglo, Buenos Aires, 2005, p. 6].

A propósito del Día Mundial de Libertad de Prensa

Resulta muy oportuno y de gran importancia discutir el tema del proyecto de la ley de Comunicación de nuestro país dentro del marco de la celebración de un año más de la Libertad de Prensa;  ya que, los controversiales debates que se han generado alrededor del tema han traspasado las barreras de los medios de comunicación y actualmente conciernen a toda la sociedad.

Pero ¿a qué no más nos referimos cuando hablamos de esta libertad? Seguramente la asociamos con la libertad de expresión,  y muchas veces erróneamente la limitamos a los medios de comunicación, sin darnos cuenta que los ciudadanos somos los primeros que tenemos que ejercer este derecho junto con la libertad de opinión e información y, a partir, de ello exigir el cumplimiento de los medios también.  Quienes tienen la función de informar deben incentivar la participación democrática y el respeto de los derechos humanos mediante sus espacios, es decir, ejercer la libertad de prensa sin dejar a un lado la libertad de los receptores. Estos aspectos se consideran dentro del proyecto de Comunicación de la Asamblea Constituyente; sin embargo, varios medios de comunicación, periodistas y profesionales relacionados con la rama consideran a dicho proyecto como un atentado a la libertad. Se ha hablado tanto de la opinión de los medios, pero muy poco se ha centrado en el parecer de la ciudadanía, pese a que en la ley varios artículos abordan la libertad de expresión, opinión e información de las personas.

Es que hablar de legislación de la comunicación o los medios es todo un desafío para Ecuador y para toda Latinoamérica como se planteó en la Conferencia por el Día Internacional de la Libertad de Prensa; puesto que una verdadera ley implicaría que se regule los procesos de comunicación sin dejar de lado medidas justas, democráticas y participativas. Para un país como el nuestro, la ley se muestra como una oportunidad de adecuar el marco regulatorio más allá del ámbito penal,  que mediante sanciones a los medios por atentar contra la integridad y dignidad de las personas no ha podido controlar el sistema de comunicación como tal y tampoco sus repercusiones sociales.

Los medios de comunicación privados fueron los primeros en dominar al proyecto como “Ley Mordaza” y es que son evidentes las incongruencias e inexactitudes de algunos artículos de la ley; así como también, por otro lado, es evidente la mala distribución del espectro radioeléctrico, la concentración de medios, los oligopolios y monopolios, y la desigualdad en el acceso a la información.

Pero al igual que en la conferencia, me pregunto ¿es la ley de comunicación la mejor solución para mejorar la calidad del periodismo? Ese periodismo que comete desde errores ortográficos o de redacción hasta atentados contra la verdad, ese periodismo que defiende intereses privados, ese periodismo que no da apertura a la voz colectiva; ese periodismo es nuestra realidad y muchos nos sentimos decepcionados e insatisfechos con ese trabajo. No se conoce a ciencia cierta la postura de la sociedad frente al proyecto de Ley de Comunicación, pero las marchas convocadas por grupos contrarios y la poca acogida de las mismas, demuestran que las personas apoyan el proyecto o se mantienen indiferentes, sin darse cuenta que, al poner sobre la mesa algo referente a comunicación se nos está involucrando a todos y no solo a los medios.  Pero volviendo a la pregunta, los errores de fondo (estructura tradicional de los medios, ética del medio y los periodistas) no se puede resolver simplemente desde lo legislativo, pues ocurrirá como en todas las leyes: se las cumple por simple obligación y existe más incentivo para violarlas.

La existencia de una ley de comunicación no es la solución ni tampoco el problema; el punto central está en llegar a un consenso sobre la misma y balancear las percepciones que cada sector tengan en cuanto a libertad (de expresión, información y opinión). La libertad de expresión para Gustavo Gómez, Director de Telecomunicaciones de Uruguay, es como una moneda de dos caras: en la una, los medios de comunicación tienen la necesidad y obligación de informar y en la otra, las personas buscan y tienen el derecho de recibir información. Este proceso simultáneo no debe ser rígido, debe romper los esquemas tradicionales y siempre buscar el cumplimiento de los derechos de parte y parte. Esto es verdadera libertad, ¡qué viva la Libertad de Prensa! y la ¡Libertad Ciudadana!

A %d blogueros les gusta esto: