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Correa: líderazgo o autoritarismo (Los enfoques de la información)

Les comparto un artículo del periodista Gustavo Abad sobre los diversos criterios que se pueden tener respecto a un tema que, sin ser verdad uno o mentira el otro, corresponden a la realidad ¿Es entonces que la información tiene varios enfoques y es posible exaltar uno y juzgar el otro? Por ejemplo, en el caso de Ecuador que menciona Abad para su análisis, Correa es denominado, por un lado, como el líder de la revolución y, por otro, connota un gobierno autoritario ¿Los dos medios mienten o alguno dice la verdad?  Espero que el artículo nos ayude a encontrar las respuestas y, principalmente, a generar nuestro propio enfoque:

Hace varios años, en la redacción de un diario chileno se produjo un debate entre dos periodistas. Uno de ellos había descrito como “el anciano senador…” a Augusto Pinochet, quien todavía manejaba los restos de su poder desde una curul de legislador. Su colega lo retaba a que se refiriera al personaje, más bien, como “el ex dictador acusado de genocidio…” porque consideraba que esa descripción se ajustaba más a la realidad.

¿Quién estaba en lo cierto? Los dos… ¿Era Pinochet un anciano senador? Sí… ¿Era un ex dictador acusado de genocidio? También… ¿Se puede otorgar mayor validez a una afirmación por sobre la otra?  ¿Se puede establecer de manera inequívoca los efectos de cada manera de nombrar? Dejemos la respuesta para más adelante, en caso de que haya alguna.

Por ahora, recordemos que el periodismo es una narración de la realidad y, como toda narración, implica una mirada, una visión no libre de subjetividad.  Eso se manifiesta, sobre todo, en el enfoque, uno de los componentes fundamentales del relato periodístico. El enfoque consiste en situar los hechos, de manera intencional y consciente, dentro de un modelo interpretativo. Significa construir un sentido, proponer un modo de entender las cosas.

Por ello, resulta fuera de lugar el veto presidencial al artículo 203 de las Reformas al Código de la Democracia, que propone: “Los medios de comunicación se abstendrán de hacer promoción directa o indirecta, ya sea a través de reportajes, especiales o cualquier otra forma de mensaje, que tienda a incidir a favor o en contra de determinado candidato, postulado, opciones, preferencias electorales o tesis política”. Frente a las demandas de inconstitucionalidad contra esta posibilidad, la Corte Constitucional deberá emitir, a fines de este mes, un informe sobre el que existen sobradas expectativas.

Si analizamos desde criterios comunicacionales el contenido del veto, lo que propone el representante del poder político es regular el enfoque de la información, es decir, ponerle reglas al último territorio del periodismo donde la subjetividad está autorizada.

El enfoque es la mirada particular que el narrador construye mediante la información recabada. No hay relato periodístico sin enfoque, así como no hay gobierno sin proyecto político, sin importar si lo consideramos bueno o malo. La pregunta es ¿Se puede calificar y sancionar un relato por considerarlo favorable o perjudicial a cierto actor político sin violentar el derecho del periodista a ejercer libremente un enfoque informativo por bueno o malo que nos parezca? […]

Leamos un ejemplo de Abad para entender la situación::

El canal “X” publica un reportaje sobre el potencial candidato Rafael Correa y lo define como “el líder de un proceso revolucionario que está transformando al país…”, mientras que el canal “Y” hace lo mismo pero lo define como “el mandatario en cuyo gobierno decenas de líderes indígenas han sido enjuiciados por el supuesto delito de terrorismo…” ¿Significa que el primer medio tiene que ser sancionado por incidir a favor del candidato y el segundo también por incidir en contra? Dicho de otra manera ¿Significa que ambos mintieron o que sus afirmaciones son insostenibles?

Adicionalmente, no hay garantías de que se pueda conformar un organismo o designar a una autoridad con capacidad para dirimir con justicia respecto, no de uno, sino de miles de productos informativos que pudieran se impugnados desde esa visión simplista de estar a favor o en contra de alguien. Lo que para unos es favorable, para otros es perjudicial. Tendríamos a una multitud enfrentada a otra multitud y, en medio de las dos, el señuelo inalcanzable de la verdad.

Esto no significa que los periodistas puedan desarrollar su trabajo desde la subjetividad absoluta, porque entonces cualquiera podría vendernos propaganda por periodismo y hacer campaña disfrazada de información. De hecho, esa ha sido una práctica recurrente en los medios –recordemos la campaña en contra de la Ley de Comunicación- y es el resorte que mueve al gobierno a plantear una normativa al respecto, aunque de manera poco viable.

El riesgo de una visión sobrecargada a cualquier lado se aplaca mediante un equilibrio informativo, una diversidad de fuentes, unos datos verificables, unos testimonios coherentes,  y otros aspectos que conforman la especificidad de la información periodística. La correcta o deficiente aplicación de estos principios hace del periodismo un relato confiable o sospechoso. De eso depende la democratización de la información y no de una norma que, por lo que hemos argumentado, resulta impracticable o, lo que es lo mismo, inútil.

Mediaciones, mayo 2012

A propósito del Día Mundial de Libertad de Prensa

Resulta muy oportuno y de gran importancia discutir el tema del proyecto de la ley de Comunicación de nuestro país dentro del marco de la celebración de un año más de la Libertad de Prensa;  ya que, los controversiales debates que se han generado alrededor del tema han traspasado las barreras de los medios de comunicación y actualmente conciernen a toda la sociedad.

Pero ¿a qué no más nos referimos cuando hablamos de esta libertad? Seguramente la asociamos con la libertad de expresión,  y muchas veces erróneamente la limitamos a los medios de comunicación, sin darnos cuenta que los ciudadanos somos los primeros que tenemos que ejercer este derecho junto con la libertad de opinión e información y, a partir, de ello exigir el cumplimiento de los medios también.  Quienes tienen la función de informar deben incentivar la participación democrática y el respeto de los derechos humanos mediante sus espacios, es decir, ejercer la libertad de prensa sin dejar a un lado la libertad de los receptores. Estos aspectos se consideran dentro del proyecto de Comunicación de la Asamblea Constituyente; sin embargo, varios medios de comunicación, periodistas y profesionales relacionados con la rama consideran a dicho proyecto como un atentado a la libertad. Se ha hablado tanto de la opinión de los medios, pero muy poco se ha centrado en el parecer de la ciudadanía, pese a que en la ley varios artículos abordan la libertad de expresión, opinión e información de las personas.

Es que hablar de legislación de la comunicación o los medios es todo un desafío para Ecuador y para toda Latinoamérica como se planteó en la Conferencia por el Día Internacional de la Libertad de Prensa; puesto que una verdadera ley implicaría que se regule los procesos de comunicación sin dejar de lado medidas justas, democráticas y participativas. Para un país como el nuestro, la ley se muestra como una oportunidad de adecuar el marco regulatorio más allá del ámbito penal,  que mediante sanciones a los medios por atentar contra la integridad y dignidad de las personas no ha podido controlar el sistema de comunicación como tal y tampoco sus repercusiones sociales.

Los medios de comunicación privados fueron los primeros en dominar al proyecto como “Ley Mordaza” y es que son evidentes las incongruencias e inexactitudes de algunos artículos de la ley; así como también, por otro lado, es evidente la mala distribución del espectro radioeléctrico, la concentración de medios, los oligopolios y monopolios, y la desigualdad en el acceso a la información.

Pero al igual que en la conferencia, me pregunto ¿es la ley de comunicación la mejor solución para mejorar la calidad del periodismo? Ese periodismo que comete desde errores ortográficos o de redacción hasta atentados contra la verdad, ese periodismo que defiende intereses privados, ese periodismo que no da apertura a la voz colectiva; ese periodismo es nuestra realidad y muchos nos sentimos decepcionados e insatisfechos con ese trabajo. No se conoce a ciencia cierta la postura de la sociedad frente al proyecto de Ley de Comunicación, pero las marchas convocadas por grupos contrarios y la poca acogida de las mismas, demuestran que las personas apoyan el proyecto o se mantienen indiferentes, sin darse cuenta que, al poner sobre la mesa algo referente a comunicación se nos está involucrando a todos y no solo a los medios.  Pero volviendo a la pregunta, los errores de fondo (estructura tradicional de los medios, ética del medio y los periodistas) no se puede resolver simplemente desde lo legislativo, pues ocurrirá como en todas las leyes: se las cumple por simple obligación y existe más incentivo para violarlas.

La existencia de una ley de comunicación no es la solución ni tampoco el problema; el punto central está en llegar a un consenso sobre la misma y balancear las percepciones que cada sector tengan en cuanto a libertad (de expresión, información y opinión). La libertad de expresión para Gustavo Gómez, Director de Telecomunicaciones de Uruguay, es como una moneda de dos caras: en la una, los medios de comunicación tienen la necesidad y obligación de informar y en la otra, las personas buscan y tienen el derecho de recibir información. Este proceso simultáneo no debe ser rígido, debe romper los esquemas tradicionales y siempre buscar el cumplimiento de los derechos de parte y parte. Esto es verdadera libertad, ¡qué viva la Libertad de Prensa! y la ¡Libertad Ciudadana!

¿Qué significa ser estudiante de periodismo, hoy?

¡Con qué ilusión y entusiasmo tomé la decisión de estudiar periodismo! Han pasado casi cuatro años de formación y aprendizaje. Falta poco para convertirme en una periodista profesional y lanzarme al mundo real: el Gobierno y parte de la sociedad catalogando al periodismo como un oficio corrupto, al servicio de los grandes grupos económicos. Entonces, ¿Cómo ejercer una profesión que supuestamente es maliciosa y afecta a la sociedad, que se supone es a quien en realidad debería servir?

En la actualidad, el periodismo ha sido duramente criticado y desvalorizado, incluso, el Presidente afirma tener más credibilidad que la prensa; por ello, ahora se plantean varias leyes de comunicación para regular a los medios. La idea de una Ley de Comunicación no debería limitarse a regular, sino a mejorar el oficio. Y aunque, aparentemente, la ley (exactamente los artículos destinados a los medios y periodistas) aún no nos involucre directamente, nosotros, como futuros profesionales, tenemos el deber de conocer los pros y contras de los anteproyectos y seguir propiciando cambios que beneficien al periodismo y eviten cometer los errores que hasta ahora han hecho quedar mal nuestra profesión.

A los medios de comunicación del país les falta objetividad. El periodismo ya no es una labor de servicio social, sino de fines de lucro. Tal vez por eso, se ha disminuido la calidad de información y se ha subestimado la capacidad de los periodistas. Pero no por ello, los estudiantes nos desanimaremos o seremos mediocres; por el contrario, estas falencias nos deben alentar a superarnos, capacitarnos, estar al día en la información y en las nuevas tecnologías de la comunicación, para aplicarlas de mejor forma en nuestro futuro puesto de trabajo. Además, desde nuestro papel de estudiantes podemos despertar la conciencia de la sociedad (amigos, familia, conocidos), respecto a cómo se están manejando los medios y, a partir de ello, generar espacios de discusión para salir adelante juntos.

A un paso de laborar en los medios, los que llevamos el periodismo en el alma debemos plantear y hacer una reivindicación, principalmente de la autenticidad de un periodista. Si un periodista o medio de comunicación pierde su credibilidad, pierde la esencia de su oficio. Y lo que es peor, como dice el mexicano Ernesto Villanueva de la UNAM, “si la prensa se equivoca, es la opinión pública la que se equivoca”. En nuestras manos tenemos el poder de orientar y guiar a la sociedad, siempre y cuando, sea con ética profesional. ¡Qué gran responsabilidad asumimos los periodistas! Y pensar que todo comienza en las aulas.

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