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Alma de periodista #30s

Cientos de estudiantes en las calles, piedras que van y vienen, policías reprimiendo a la multitud, gas lacrimógeno sólo que va y, en medio del caos, un grupo de personas, que a diferencia de las demás, están cumpliendo con su labor. No puedo describir el apasionamiento que sentí, hace más de cinco años, al ver a muchos periodistas en las calles que, sin importar los contratiempos, se mantuvieron firmes con tal de mantener informada a la ciudadanía sobre la caída del gobierno de Lucio Gutiérrez.

Ese instante supe que ser periodista no era figurar en un medio de comunicación, era convertirse en la persona que pone todo su esfuerzo, su entrega, su ALMA para cumplir con la misión de informar, pase lo que pase. Anoche volví a revivir esa sensación con el corolario que dejó los violentos enfrentamientos entre policías y militares ecuatorianos. Sin embargo, un profundo sentimiento de impotencia llenó todo mi ser. Veía las imágenes de policías que parecían delincuentes, la de un gobernante intransigente, la de gente influenciada por figuras políticas, otros agrediendo a sus propios hermanos y el medio público monopolizando la información, entonces me preguntaba y ¿yo qué estoy haciendo?

No me había interesado por la problemática social, no había planteado propuestas de cambio, no había estudiado durante cuatro años para simplemente sentarme a observar. Aunque por motivos personales no pude salir a las calles a cubrir toda esta situación, por lo menos pude ingresar a mi cuenta de Twitter, enterarme de que pasaba minuto a minuto, analizar los puntos de vista de los usuarios y poder informar a quienes tenían poco conocimiento.

Pero algo más me faltaba, aunque pocos minutos después descubrí que era. Los canales de televisión cubrían el rescate del presidente Correa, muchos periodistas, camarógrafos y asistentes arriesgaban su vida en medio de disparos. Cuando la operación de rescate estaba por concluir, las cámaras captaron el momento del deceso de uno de los policías del GIR (Grupo de Intervención y Rescate), la imagen del policía herido cayendo a la calle fue un golpe muy fuerte para mí, como para todos quienes lo presenciamos. En ese momento recordé una pregunta que me hice algún tiempo atrás en un post: “si un periodista se ocupa de otras actividades, ¿quién se encargará de informar?” e imaginé que si estaba en el lugar preciso de los hechos hubiera querido socorrer al herido, pero mi lado profesional me hubiera detenido porque al cambiar mi función no tendría los recursos para que la ciudadanía conozca la realidad, saque sus propias conclusiones y llegue a una reflexión.

En mi caso particular,  lo sucedido ayer conmovió mi espíritu y me llevo a tomar una posición de rechazo ante la violencia, la injusticia, la prepotencia y el odio; y, por otro lado, me ayudó a tomar conciencia sobre la lucha que como ciudadanos libres tenemos para defender la democracia. En cuanto a mi vocación de periodista, solo puedo decir gracias por su ejemplo, colegas porque, pese a las adversidades, nunca dejaremos de ejercer nuestra profesión con el alma.

A propósito del Día Mundial de Libertad de Prensa

Resulta muy oportuno y de gran importancia discutir el tema del proyecto de la ley de Comunicación de nuestro país dentro del marco de la celebración de un año más de la Libertad de Prensa;  ya que, los controversiales debates que se han generado alrededor del tema han traspasado las barreras de los medios de comunicación y actualmente conciernen a toda la sociedad.

Pero ¿a qué no más nos referimos cuando hablamos de esta libertad? Seguramente la asociamos con la libertad de expresión,  y muchas veces erróneamente la limitamos a los medios de comunicación, sin darnos cuenta que los ciudadanos somos los primeros que tenemos que ejercer este derecho junto con la libertad de opinión e información y, a partir, de ello exigir el cumplimiento de los medios también.  Quienes tienen la función de informar deben incentivar la participación democrática y el respeto de los derechos humanos mediante sus espacios, es decir, ejercer la libertad de prensa sin dejar a un lado la libertad de los receptores. Estos aspectos se consideran dentro del proyecto de Comunicación de la Asamblea Constituyente; sin embargo, varios medios de comunicación, periodistas y profesionales relacionados con la rama consideran a dicho proyecto como un atentado a la libertad. Se ha hablado tanto de la opinión de los medios, pero muy poco se ha centrado en el parecer de la ciudadanía, pese a que en la ley varios artículos abordan la libertad de expresión, opinión e información de las personas.

Es que hablar de legislación de la comunicación o los medios es todo un desafío para Ecuador y para toda Latinoamérica como se planteó en la Conferencia por el Día Internacional de la Libertad de Prensa; puesto que una verdadera ley implicaría que se regule los procesos de comunicación sin dejar de lado medidas justas, democráticas y participativas. Para un país como el nuestro, la ley se muestra como una oportunidad de adecuar el marco regulatorio más allá del ámbito penal,  que mediante sanciones a los medios por atentar contra la integridad y dignidad de las personas no ha podido controlar el sistema de comunicación como tal y tampoco sus repercusiones sociales.

Los medios de comunicación privados fueron los primeros en dominar al proyecto como “Ley Mordaza” y es que son evidentes las incongruencias e inexactitudes de algunos artículos de la ley; así como también, por otro lado, es evidente la mala distribución del espectro radioeléctrico, la concentración de medios, los oligopolios y monopolios, y la desigualdad en el acceso a la información.

Pero al igual que en la conferencia, me pregunto ¿es la ley de comunicación la mejor solución para mejorar la calidad del periodismo? Ese periodismo que comete desde errores ortográficos o de redacción hasta atentados contra la verdad, ese periodismo que defiende intereses privados, ese periodismo que no da apertura a la voz colectiva; ese periodismo es nuestra realidad y muchos nos sentimos decepcionados e insatisfechos con ese trabajo. No se conoce a ciencia cierta la postura de la sociedad frente al proyecto de Ley de Comunicación, pero las marchas convocadas por grupos contrarios y la poca acogida de las mismas, demuestran que las personas apoyan el proyecto o se mantienen indiferentes, sin darse cuenta que, al poner sobre la mesa algo referente a comunicación se nos está involucrando a todos y no solo a los medios.  Pero volviendo a la pregunta, los errores de fondo (estructura tradicional de los medios, ética del medio y los periodistas) no se puede resolver simplemente desde lo legislativo, pues ocurrirá como en todas las leyes: se las cumple por simple obligación y existe más incentivo para violarlas.

La existencia de una ley de comunicación no es la solución ni tampoco el problema; el punto central está en llegar a un consenso sobre la misma y balancear las percepciones que cada sector tengan en cuanto a libertad (de expresión, información y opinión). La libertad de expresión para Gustavo Gómez, Director de Telecomunicaciones de Uruguay, es como una moneda de dos caras: en la una, los medios de comunicación tienen la necesidad y obligación de informar y en la otra, las personas buscan y tienen el derecho de recibir información. Este proceso simultáneo no debe ser rígido, debe romper los esquemas tradicionales y siempre buscar el cumplimiento de los derechos de parte y parte. Esto es verdadera libertad, ¡qué viva la Libertad de Prensa! y la ¡Libertad Ciudadana!

Periodistas: mediadores o intermediarios

La ciudad de Quito es nuestra comunidad inmediata. Todos sus habitantes tenemos a diario problemas e inquietudes, que algunas veces las autoridades correspondientes (alcaldes, concejales, policías) no han solucionado. ¿A quién recurrir?

Sin duda alguna necesitamos ser escuchados y que todos conozcan nuestros problemas para que así sean solucionados. Entonces, los medios de comunicación son la voz masiva de la ciudadanía para resolver sus inquietudes, Es por ello, que los espacios comunitarios de los medios de comunicación se han convertido en el lugar, por decir algo, de denuncias y quejas que necesitan de una respuesta.

En este caso, el papel de los comunicadores de los segmentos de la comunidad es ser portavoces de sus problemas, pero no pueden convertirse en creadores de soluciones y mucho menos tomarse atribuciones que no les corresponden, pues crean una imagen de héroes falsos, que prometen lo inalcanzable, solo para quedar bien ante el público y oponerse a la autoridad. Los profesionales de la comunicación trabajan en torno a la comunidad y necesariamente su labor implica un acercamiento con las personas: en los barrios, eventos, accidentes, etc. Esto produce una identificación con el público, pero se debe mantener bien clara su posición.

Entonces, ¿el periodista es un intermediario o mediador? Jesús Martín Barbero manifiesta que el intermediario establece relaciones entre una parte y otra; a diferencia del mediador que busca la participación de la gente en la historia común. A ningún momento se habla de intromisión por parte del periodista, simplemente de un acercamiento al público.

En este tema, el periodista debe laborar bajo parámetros éticos. Es verdad que todos somos parte de la sociedad y, de una u otra forma, nos sentimos involucrados con ella; es muy complicado separar al condición humana con el carácter profesional. Ante este dilema, Javier Darío Restrespo nos plantea una pregunta ¿La preparación para informar del periodista es tan válida como la preparación de otros profesionales? y yo me pregunto, si un periodista se ocupa de otras actividades, ¿quién se encargará de informar?

¿Qué significa ser estudiante de periodismo, hoy?

¡Con qué ilusión y entusiasmo tomé la decisión de estudiar periodismo! Han pasado casi cuatro años de formación y aprendizaje. Falta poco para convertirme en una periodista profesional y lanzarme al mundo real: el Gobierno y parte de la sociedad catalogando al periodismo como un oficio corrupto, al servicio de los grandes grupos económicos. Entonces, ¿Cómo ejercer una profesión que supuestamente es maliciosa y afecta a la sociedad, que se supone es a quien en realidad debería servir?

En la actualidad, el periodismo ha sido duramente criticado y desvalorizado, incluso, el Presidente afirma tener más credibilidad que la prensa; por ello, ahora se plantean varias leyes de comunicación para regular a los medios. La idea de una Ley de Comunicación no debería limitarse a regular, sino a mejorar el oficio. Y aunque, aparentemente, la ley (exactamente los artículos destinados a los medios y periodistas) aún no nos involucre directamente, nosotros, como futuros profesionales, tenemos el deber de conocer los pros y contras de los anteproyectos y seguir propiciando cambios que beneficien al periodismo y eviten cometer los errores que hasta ahora han hecho quedar mal nuestra profesión.

A los medios de comunicación del país les falta objetividad. El periodismo ya no es una labor de servicio social, sino de fines de lucro. Tal vez por eso, se ha disminuido la calidad de información y se ha subestimado la capacidad de los periodistas. Pero no por ello, los estudiantes nos desanimaremos o seremos mediocres; por el contrario, estas falencias nos deben alentar a superarnos, capacitarnos, estar al día en la información y en las nuevas tecnologías de la comunicación, para aplicarlas de mejor forma en nuestro futuro puesto de trabajo. Además, desde nuestro papel de estudiantes podemos despertar la conciencia de la sociedad (amigos, familia, conocidos), respecto a cómo se están manejando los medios y, a partir de ello, generar espacios de discusión para salir adelante juntos.

A un paso de laborar en los medios, los que llevamos el periodismo en el alma debemos plantear y hacer una reivindicación, principalmente de la autenticidad de un periodista. Si un periodista o medio de comunicación pierde su credibilidad, pierde la esencia de su oficio. Y lo que es peor, como dice el mexicano Ernesto Villanueva de la UNAM, “si la prensa se equivoca, es la opinión pública la que se equivoca”. En nuestras manos tenemos el poder de orientar y guiar a la sociedad, siempre y cuando, sea con ética profesional. ¡Qué gran responsabilidad asumimos los periodistas! Y pensar que todo comienza en las aulas.

¿Y ahora el Gobierno es el único creíble?

En el enlace radial 140, el presidente Correa no desaprovechó la oportunidad para criticar la labor de los medios de comunicación y, por ende, de los periodistas. Lo que más me causó gracia de su común imprecación, fue la afirmación que hizo acerca de que él tiene mayor credibilidad que la prensa.
Es cierto que los medios de comunicación han tenido fallas que el Presidente las ha exaltado y ha aprovechado para deslegitimarlos. Yo como periodista y cuidadana cuestiono y critico la labor de los medios; debido a que los errores y equivocaciones de algunos está generando que se generalice el trabajo de todos. Luego ¿qué va a pasar si la totalidad de los medios de comunicación y periodistas perdemos la credibilidad? ¿Se va a formar uan ciudadanía que fundamente su saber y opinión en una sola fuente, en este caso, la del Gobierno? Según, José Villamarín Carrascal, comunicador y decano universitario, “esto sería fatal para la democracia y, por ende, para el país. Sería como volver a la época nazi. Y no importa cuál gobierno sea. Lo ético y lo responsable es el equilibrio y contrastación de fuentes. ¿Qué eso no es periodismo?. Por supuesto que no. Eso es propaganda, por lo que sería suficiente con tener un solo periódico en el país (Napoleón, para mantener el control de su poder inmaculado, cerró los más de mil publicaciones periódicas que había entonces y dejó un solo periódico por provincia y creó el Monitor, un diario controlado por él, cuyos artículos debían ser reproducidos por los periódicos de provincias)”
¿Es acaso eso lo que queremos para nuestro país? ¿no es eso lo que nos propone la Ley de Comunicación del Ejecutivo, bajo sutiles artículos de control y regulación de la información?
Esto no es respetar la libertad de expresión ni información y, mucho menos, revalorizar y fomentar el verdadero periodismo.
Al final del enlace, el presidente Correa selló su discurso anti prensa con una frase que nos pone a reflexionar:
“La exageración de toda indole es escencial al periodismo como el arte dramático pues el objeto del periodismo es hacer que los acontecimientos lleguen lo más lejos posible” Arthur Schopenhauer
¡Qué cinismo del señor presidente! Habla de dramatismo de los medios cuando él también exagera en sus discursos. La prensa exagera por sus fines de lucro, pero Correa por sus fines de manipulación. En los proyectos de Ley de Comunicación varios artículos se dedican a exaltar los derechos que la ciudadanía tiene para exigir una información objetiva y veraz. Y esto también se debería aplicar en el caso de politicos mentirosos y charlatanes
Pero por lo menos no todo es acusación, el Presidente también exaltó la objetividad que los medios han presentado en los temas del levantamiento indígena, y aseguró que lo han hecho por las pruebas que tiene el Ejecutivo para demostrar la verdad.
Mientras Correa insulta, exalta y vuelve a insultar a los medios de comunicación. Los periodistas seguiremos trabajando para mejorar y demostrar a la sociedad que la prensa es objetiva y digna de credibilidad. A la vez, realizaremos un análisis crítico del trabajo que nuestros colegas estén haciendo mal, para rescatar el verdadero oficio periodístico.

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